Por Esther Aguirre

La periodista Ana Cárdenes, responsable de la delegación de EFE en Jerusalén y experta en asuntos internacionales, considera que «el mundo no puede permitirse más conflictos», aunque cree que continuarán porque «hay un mercado internacional de armas importante e intereses» que empujan al enfrentamiento.

Así lo asegura esta madrileña, de 44 años, madre de dos hijas, que lleva casi dos décadas informando de la actualidad internacional, como corresponsal de EFE en Asia y Oriente Próximo, en concreto en India, Irán, Israel o Palestina, y como enviada especial en Afganistán, Sri Lanka o Nepal.

Esta reportera, a la que su «curiosidad» le llevó a dedicarse a este mundillo por «casualidad», dice que, lo que le mueve en el trabajo es, sobre todo, su «deseo profundo» de entender los conflictos que determinan millones de vidas humanas.

Curtida en mil batallas, confiesa que le gustaría «olvidar las imágenes de todos los muertos» que ha visto a lo largo de su trepidante y vertiginosa carrera profesional. «(Los muertos) que vi y los que no vi, pero viví, imaginé y sentí a través de narraciones de familiares y amigos…», apostilla.

Y es que Cárdenes, como corresponsal internacional, ha sido testigo de numerosos acontecimientos históricos como conflictos bélicos, entre ellos la guerra de Gaza de 2012, multitud atentados terroristas o catástrofes naturales como terremotos o el tsunami del Índico.

A continuación, la entrevista en su integridad:

Pregunta: Corresponsal de EFE en India, Indonesia, Irán y ahora Jerusalén, y enviada especial en Afganistán, Sri Lanka y Nepal, debes de ser de una pasta especial para estar siempre en lugares de conflicto. ¿Qué te llevó a dedicarte a este tipo de periodismo?

Respuesta: Un poco la casualidad, pero sobre todo la curiosidad. El deseo profundo de saber cómo viven otros pueblos, de entender los conflictos que determinan millones de vidas humanas y las ganas constantes de aprender. Vivir en lugares tan distintos al tuyo supone estar sometida a estímulos constantes.

P: Has cubierto catástrofes, terremotos, el tsunami del Índico, atentados, guerras… ¿Cuáles han sido los trabajos que más te han marcado o interesado en tu carrera profesional?

R: Los cuatro años en la India fueron, sin duda, muy, muy intensos. Es un país apasionante, con millones de matices, con unos habitantes que no paran de darte lecciones sobre el modo de entender la vida.
El conflicto palestino-israelí es también todo un reto como cobertura, tanto por la exposición a la violencia y el trauma que padecen sus gentes como por la exigencia de un rigor absoluto y la lupa permanente bajo la que está tu trabajo.

P: ¿Cuál ha sido la experiencia más dura que te ha tocado vivir? ¿Alguna imagen que te gustaría olvidar? ¿Y el mayor desafío al que te has enfrentado?

R: Hablar con las víctimas, especialmente con padres y madres que han perdido a sus hijos en situaciones de violencia o catástrofe, es muy difícil y uno se siente a menudo poco preparado para enfrentarse y poner palabras o preguntar sobre la desgracia ajena.
Fui testigo de una liberación de niños esclavos en la India. Pese a ser un momento en principio positivo, porque escapaban de sus explotadores, ver las condiciones en que trabajaban y vivían y cómo se encontraban sus ojos achicados, sus pieles pálidas y llenas de picaduras e inflamaciones, y sus espíritus derrotados, su apatía y falta de energía, fue muy duro.
También comprobar que casi todos eran niños. ¿Dónde estaban las niñas?. Es una imagen que no he olvidado y posiblemente no olvidaré nunca. Me gustaría olvidar las imágenes de todos los muertos, los que vi y los que no vi, pero viví, imaginé y sentí a través de narraciones de familiares y amigos…

P: Como experta en asuntos internacionales y especialmente en el conflicto palestino-israelí. ¿Confías en una solución pacífica?

R: Lamentablemente, soy muy pesimista respecto a una posible solución pronta a este conflicto. Las partes son incapaces de llegar a un acuerdo, desde hace más de un cuarto de siglo. Los principios asentados sobre las líneas que un pacto debería seguir, la solución de dos estados, tienen cada vez menor apoyo en ambos lados, pese a ser la única posible para la comunidad internacional, a excepción de Trump, que se abre ahora a otros escenarios.
Posiblemente, no haya opción de llegar a un acuerdo de paz si no hay una fuerte presión internacional a las partes, pero ni la hay, ni parece que pueda haberla pronto.
El interés por el conflicto se está perdiendo, los límites en uno y otro lado también se están desdibujando y la esperanza en ambas poblaciones es prácticamente nula. Como dice una amiga aquí: Nunca he visto a un corresponsal en la zona que se haya ido dejando una situación mejor que cuando llegó.

P: Cuéntame la anécdota más divertida y la más dura que has vivido…

R: Cubriendo el terremoto de Sumatra (Indonesia), en 2012, logré ‘in extremis’ subirme a un helicóptero para viajar a la zona afectada con el gobernador de la región y el personal de Cruz Roja. Pero cogieron más peso de lo previsto, a medio camino se acabó el combustible y tuvimos que aterrizar de emergencia en las selvas de Sumatra y pasar la noche en una cabaña humilde con los residentes, que nos transportaron a todos en sus motos. La noche dio para unas cuantas risas, pese a la situación.
Una de las escenas más duras que he vivido ha sido entrevistar a uno de los niños heridos en una playa de Gaza, en un bombardeo en 2014, en el que murieron cuatro menores cuando jugaban al fútbol. El pequeño quedó psicológicamente muy afectado (su primo murió en el ataque) y, pese a que su familia insistía en que podía entrevistarle, vi claro que él no podía contestar y que no le venía bien enfrentarse a los recuerdos. Me sentí sin herramientas para lidiar con la situación.
Después de esto, fui a un curso sobre periodismo y trauma en la Universidad de Columbia, para mejorar la forma de llevar a cabo mi trabajo, sin dañar aún más a gente que ha pasado por experiencias horribles.

P: Cuéntanos cómo es tu día a día en Jerusalén. ¿Cómo decides las noticias que vas a cubrir? ¿Tenéis agenda informativa? ¿Es fácil acceder a las fuentes de información?

R: Pese a la idea que se tiene fuera, Jerusalén es una ciudad muy «vivible». Aunque hay una tensión soterrada, que aflora cuando uno menos lo espera, y que es palpable solo con sentarse un rato y ver las relaciones y movimientos en las calles, es una ciudad muy agradable.
Solo hay 800.000 habitantes, en el centro puedes llegar a todas partes caminando, la muralla de piedra es una visión preciosa e imponente y pasas de una urbe occidental a una medio oriental con solo andar cinco minutos.
Cada semana hacemos una agenda para planificar coberturas y dejar lugar a historias que queremos contar, aunque se impone la actualidad. Aquí es bastante fácil acceder a fuentes de información porque, al ser un conflicto, cada una de las partes hace un esfuerzo importante de exhibir su narrativa y generalmente están abiertos a hablar.
Aunque los idiomas locales son el hebreo y el árabe, también muchas fuentes hablan en inglés. Especialmente Israel tiene muy profesionalizados los organismos de información y portavoces.

P: Estuviste en la guerra de Gaza de 2012, has informado de atentados en países como Afganistán y otros muchos, ¿Sorprende ver a mujeres cubriendo ese tipo de información?

R: No es nada sorprendente ver a las mujeres cubriendo guerras. Abundan mucho más de lo que nos imaginamos, especialmente en el mundo de las agencias de información (el más anónimo, quizás por eso sean menos visibles).
La mayoría de los compañeros de medios españoles en Jerusalén son mujeres y hasta en la guerra de 2012 una periodista británica hizo un artículo titulado «La guerra cubierta por mujeres», porque eran mayoría entre los corresponsales.
Esto es algo que ha cambiado, aunque el público en general siga teniendo en la cabeza la imagen de un hombre como corresponsal de guerra. Poco a poco irá cambiando el estereotipo. Las agencias están haciendo mucho en este sentido.

P: Has tocado un tema sensible e íntimamente ligado al ADN de la agencia, el anonimato. Esto me lleva preguntarte sobre el documental «La Agencia», eje central de la campaña de aniversario de los 80 años de EFE, que hemos estrenado recientemente en la Semana Internacional de Cine de Valladolid (Seminci).

R: Creo que el documental es un homenaje al periodismo. No solo a la agencia, sino al periodismo con mayúsculas. A las personas que lo hacen y, también, a las que lo hacen posible compartiendo generosamente con nosotros sus historias y abriéndonos sus casas y sus vidas.
Muestra cómo trabajamos, los problemas a que nos enfrentamos y pone en valor a los reporteros que trabajan día a día desde el anonimato con gran compromiso con el deber de informar.
Podemos ver ahí cómo compatibilizamos el periodismo de cuaderno y bolígrafo con la grabadora de radio, la foto, el vídeo y el periodismo móvil adaptándonos a los cambios veloces de esta industria.
También habla de las injusticias, violaciones de derechos humanos, de migraciones, de cambio climático y de los efectos en otros lugares de que nosotros en Occidente mantengamos la vida que tenemos.
Deja entrever, sin centrarse en ello, los riesgos y también lo que este trabajo supone a nivel familiar y personal. Detrás de estos periodistas hay un equipo, que son sus familias, que adaptan también su vida a las necesidades de la noticia. Y destaca, en palabras de Javier Martín, la necesidad de enfrentar la noticia a través del contacto humano. Como dice Enrique Rubio, es fácil hablar de cuotas de migrantes, pero es necesario hablar con las personas que forman parte de esas cuotas, para realmente entender lo que esas cifras suponen a nivel humano. Las compañeras de África y de México nos exponen desde el terreno las realidades que mueven esas migraciones.
Creo que también muestra nuestra adaptabilidad, porque nosotros a menudo cambiamos de destino, tenemos el reto de aprender nuevos idiomas, nuevas realidades. A veces trabajamos en vaqueros y sandalias, otras con chalecos antibalas y otras con traje y corbata. Hablamos con personas humildes y con personas poderosas, con quienes toman decisiones y con quienes las sufren o disfrutan, siempre con igual respeto y con igual objetivo: entender mejor la realidad, para narrarla también mejor y que el público tenga el conocimiento necesario para tomar decisiones informadas.
Para mi es un orgullo ver a mis compañeros, con varios de los cuales he coincidido trabajando de una u otra manera, explicando nuestro oficio. Y ese deseo ferviente, en palabras de uno de ellos, de querer estar en el lugar donde pasan las cosas.

P: Por cierto, fuiste la primera mujer en dirigir la oficina permanente de EFE en Irán. ¿Cómo fue la experiencia?, ¿Te encontraste muchos obstáculos?, ¿Cómo era tu día a día? ¿Cómo se acceden a las fuentes de información en un país tan oscurantista?

R: En Irán no me encontré con ningún obstáculo por ser mujer. Incluso siendo mujer soltera y embarazada. La población iraní es extraordinariamente cálida y recibe muy bien al extranjero, siempre fui muy bien recibida en todas partes.
El régimen es distinto. Te pone, aunque de forma amable, enormes obstáculos para poder desarrollar tu trabajo. De entrada, el permiso de trabajo para periodistas (muy difícil de conseguir) es solo para Teherán, y cualquier salida de la ciudad la tienes que comunicar o solicitar.
Además, te exigen permisos para coberturas en la calle, o para sacar una cámara, o para entrevistar a expertos o profesores, o para entrar en una universidad. Al final, lastran tu trabajo con la exigencia de que hagas miles de trámites administrativos.
El día a día era complicado, porque es una ciudad gigantesca, con ocho millones de residentes y donde se tarda dos horas en llegar a cualquier lugar. Costaba mucho tiempo y dedicación sacar adelante el trabajo, pero fue una experiencia extraordinaria. Recomendaría a todo el mundo visitar ese país.

P: La tensión con Irán se está agudizando especialmente con EEUU y el Reino Unido. ¿Cuál es tu opinión sobre este conflicto? ¿Crees que se superará o puede derivar en una lucha armada?

R: Espero y confío que no haya un conflicto bélico. El mundo no puede ya con más conflictos. Pero hay un mercado de armas internacional importante e intereses que empujan hacia el enfrentamiento.
Israel es también un factor importante en la actitud del mundo ante Irán. Costó mucho esfuerzo sacar adelante el pacto nuclear que Washington abandonó el año pasado. Sin duda, eso incrementa los riesgos sobre el futuro.

P: ¿Cómo es la situación de las mujeres en ese país? ¿Crees que hay motivos para el optimismo para el avance de los derechos de este colectivo?

R: Las mujeres en Irán son más libres y empoderadas en el entorno privado de lo que nos imaginamos. Muchas son profesionales, el nivel educativo es alto y creo que su estatus es superior al de otros muchos países. La imposición del velo en la esfera pública, sin embargo, hace que la percepción desde fuera sea mucho peor. No le quito gravedad a exigir cubrirse en público, pero no lo dice todo sobre la situación de las mujeres.

P: Una curiosidad: Seguramente tenías que llevar velo islámico cuando salías a cubrir informaciones. ¿Cómo llevabas tener que ponértelo?

R: Me disgustaba enormemente, sobre todo en verano. Nadie debería imponerlo. Pero lo aceptas cuando aceptas ir a trabajar allí.

P: ¿Cómo puedes compatibilizar tu trabajo como periodista con ser madre de dos niñas? ¿Qué te dice tu familia de tu trabajo? Están contentos con tu decisión. Si tus hijas decidieran seguir tus pasos. ¿Qué les dirías?

R: Creo que la conciliación es difícil en todas las profesiones. En el periodismo, debido a la falta de horarios y la disponibilidad total, es aún más complicado, pero puede hacerse. Es importante estar rodeada de un buen equipo, como lo estoy yo, tanto en Jerusalén como en Madrid, también hay que saber delegar, ser rápida, eficiente.
La maternidad quizás te hace más eficiente de lo que eras antes. Mi familia está orgullosa de mi trabajo y de lo que he aprendido y hecho en estos años, con la confianza y el apoyo de EFE. Mis padres también son personas comprometidas a cualquier hora con su profesión, con el servicio al público y en continua formación (son médicos), por lo que siempre han entendido el compromiso y el sacrificio personal. Pero también es verdad que me preguntan a veces que por qué no escojo destinos más fáciles.
A mis hijas les animaré siempre a hacer lo que crean que va a hacerles felices. El trabajo supone buena parte de nuestra vida despiertos, hay que elegir algo que se pueda disfrutar. El nuestro se dedica fundamentalmente a conocer y hablar con gente, escuchar historias, visitar lugares, aprender, leer y escribir. Para mi, es difícil de superar.

P: ¿Cómo llevas el hecho de vivir tantos años lejos de tu familia y de tu país?

R: Reconozco que empiezo a sufrir el desarraigo del expatriado, tengo nostalgia de mi tierra, pero también de las que han sido mis tierras durante varios años, donde he vivido y disfrutado miles de experiencias, desde montar en elefante o camello hasta viajar en helicóptero, conocer a gente increíble y recorrer zocos maravillosos.

P: Con la trayectoria que tienes, si vuelves al periodismo tradicional te vas a aburrir? ¿Te imaginas persiguiendo a políticos en España, por ejemplo en el Congreso de los Diputados?

R: Lo importante es no perder la pasión por contar historias. Y las historias están por todas partes. No necesariamente un terremoto o un conflicto nos enseñan más que una historia de barrio. Tengo gran respeto por el periodismo local o la crónica política. Y, como lectora, lo disfruto.

P: ¿Qué noticia te hubiera gustado dar en los países en los que has estado?.

R: Sin duda, una siempre quisiera informar de paz, democratización, libertad, avances científicos, económicos y humanos. Pero no siempre se puede. Y señalar injusticias o desgracias también es importante.