Cristina Díaz de Aguilar

El periodista Agus Morales y el fotógrafo Pau Coll han recibido este jueves el Premio Saliou Traoré de Periodismo en español sobre África por su crónica sobre el duro final de las migraciones en Europa como una «inyección de moral y un empujón para seguir adelante» en su afán por tratar de contar lo que ocurre y «abrir los ojos a la realidad».

Ambos firman en la revista «5W» el reportaje reconocido este año por Casa África y la Agencia EFE, «Una chabola al final del camino», una crónica de largo recorrido cuyo título alude al destino que espera en España, Italia, Francia y muchos otros países a quienes se juegan todo para llegar a Europa: una vida a veces peor que la que dejaron atrás en África, aunque no se atrevan a reconocerlo a sus familias, como confiesan algunos de los protagonistas del trabajo.

Morales y Coll, ambos catalanes, han recogido este jueves en la sede de Casa África, en Las Palmas de Gran Canaria, su premio, una escultura de María de Frutos y 5.000 euros, que les ha entregado el alcalde de la ciudad, Augusto Hidalgo, cuyo municipio forma parte de la ruta migratoria del Atlántico hacia Europa y es testigo del drama humano que conlleva.

 

Premio Saliou

El director general de Casa África, José Segura, durante el acto de entrega del Premio Saliou Traoré que cada año conceden la Casa África y la Agencia EFE al mejor trabajo periodístico sobre el continente en español, hoy jueves en Las Palmas de Gran Canaria. EFE/Ángel Medina G.

El trabajo premiado forma parte de una serie de reportajes sobre las rutas migratorias que concluyen en Europa titulada «The Backway», y es también un reconocimiento a la revista «5W» y a los profesionales que, como ellos, comparten el espíritu de conocer la realidad, no siempre con las mejores condiciones económicas, ha recalcado Morales, quien dirige la citada publicación.

A partir de la masiva llegada de inmigrantes sirios y afganos y de su gran respuesta mediática, en la que nadie hablaba de rutas y de cómo habían emprendido su marcha, empezaron a investigar y buscar dinero para producir el proyecto, del que forma parte otro Premio Saliou Traoré, el periodista Xavier Aldekoa, además de Clara Roig, y los fotógrafos Edu Ponces y Toni Arnau, quienes han viajado a Gambia, Senegal, Sierra Leona, Malí, Níger, Túnez y Libia para profundizar en la causa de esa ola migratoria.

En estos cuatro años han sido muchos los viajes a África, aunque los dos últimos fueron en España, a Huelva, para contar las condiciones en las que viven y trabajan los inmigrantes en sus campos de Lepe, donde se cultiva el denominado oro rojo: la fresa.

Morales ha explicado que normalmente trabaja fuera de España, pero creía importante cerrar este proyecto en Europa, tras recorrer varias rutas migratorias africanas y evidenciar que «ese camino, lleno de dolor, no pocas veces acaba en una chabola que no está en África, sino en Europa», por lo que se propusieron hablar con las personas que viven esa situación para que el lector se pusiera en su lugar.

Se desplazaron dos veces a Huelva, una antes de la pandemia, en febrero de 2019 y, posteriormente, en agosto de 2021, cuando comprobaron que allí se vivía de otra manera y que nada había cambiado.

«Pese a que estamos en el siglo XXI, tenemos a cientos de personas viviendo en condiciones indecentes y trabajando en el campo, y siendo explotados en muchos casos», ha lamentado Morales, quien por ello sostiene que «vale la pena abrir lo ojos a esa realidad y ser conscientes de que son los que trabajan en el campo y los que nos ponen la fruta y la verdura en la mesa».

Morales no descarta viajar por tercera vez a Huelva porque cree que en el periodismo es fundamental volver sobre los temas, y más en el caso de las migraciones, y, en particular, en España, donde «es una realidad visible que entre todos hemos convertido en invisible, como los centenares de personas que viven en asentamientos chabolistas en Huelva, en concreto en Lepe y otras localidades».

Agus Morales ha remarcado su ilusión y orgullo por este galardón, dada su vocación africana y, particularmente, porque lleva el nombre de un excompañero de EFE que durante más de 30 años fue corresponsal de la Agencia en Dakar.

 

Se ha premiado una crónica que permite a los lectores tocar y oler lo que ocurre

 

Cree también que es «bonito» que se premie en esta ocasión una crónica, que es lo que le ha permitido «poder transportar a los lectores a que toquen y huelan lo que ocurre, algo casi necesario para denunciar la violación de derechos humanos».

Ambos galardonados ven reconocidos cuatro años de trabajo y un nuevo «canal de difusión de sus historias» y, sobre todo, la obtención de apoyo económico para hacer periodismo de investigación, que es «muy caro», ha remarcado Coll, uno de los fundadores de la organización de Ruido Photo, de la que partió la idea de «The Backway», que se ha convertido ya en un libro.

«Los muertos que me habitan», una de las crónicas realizada en Túnez también por Agus Morales y por el fotógrafo Edu Ponces, obtuvo en 2019 el Premio Ortega y Gasset de Periodismo y una beca de la National Geographic Society, lo que permitió financiar varios viajes.

Tanto Morales como Coll han insistido en la importancia del reconocimiento a este tipo de periodismo de investigación de largo recorrido, que aborda los derechos humanos y que se encuentra «fuera de la agenda pública».

«Una chabola al final del camino» también es el punto final del proyecto, que ha requerido de mucho esfuerzo y que se encuentra en estos momentos en plena difusión, a través de charlas y de presentaciones del libro.

El Premio Saliou Traoré lo conceden Casa África y la Agencia EFE al mejor trabajo periodístico sobre el continente africano en español y cuenta con el patrocinio del Gobierno de Canarias, el Cabildo de Gran Canaria y Naviera Armas.

En esta cuarta edición, los premiados han podido disfrutar al inicio del acto de un concierto ofrecido por un grupo de músicos de Barrios Orquestados, una iniciativa de carácter social que comenzó hace diez años en Gran Canaria para formar de manera gratuita a niños y niñas de sus barrios más deprimidos y crear grupos de cuerda frotada. El proyecto se ha extendido a otras islas y a América, en concreto a Chile y Honduras.