Por Esther Aguirre

“Miguel Delibes profesó la difícil sencillez”, afirma el veterano periodista de EFE Roberto Jiménez, que acaba de publicar una interesante y exitosa serie de artículos y crónicas sobre este escritor vallisoletano, considerado un referente y uno de los grandes de la literatura española, con motivo del centenario de su nacimiento.

Jiménez trabaja en la delegación de la Agencia EFE en Valladolid desde hace casi tres décadas, durante las cuales ha tenido la inmensa fortuna de haberse codeado con algunos de los grandes escritores que han dejado huella, como Miguel Delibes, al que se podía ver a menudo pasear por el parque de Campo Grande, situado en el corazón de esa ciudad.

“Fue una persona honesta y auténtica, no engañó nunca y esa integridad la trasladó a sus personajes y sus novelas; seres perfectamente reconocibles por todo el mundo, de ahí el éxito fulminante que tuvo toda ella. Profesó la difícil sencillez y la gente sintonizó de inmediato”, destaca el periodista.

“Miguel Delibes, un centenario a prueba de pandemia”, “Miguel Delibes, el abecedario de sus 100 años”, “De Miguel a Delibes, cien años y sesenta libros”, “Delibes, el Guardián del Campo Grande” o “Miguel Delibes, un escritor que disparó con munición de poeta” son algunas de sus crónicas, con las que el periodista ha querido rendir un homenaje a este dramaturgo de “acusado sentido moral”, como él mismo lo define.

Y es que la pandemia del coronavirus “no ha empañado las manifestaciones de cariño” que ha recibido el escritor, especialmente en su tierra natal: Valladolid, ciudad de la que era hijo predilecto y que se ha volcado estos días para recodar su figura y la dimensión universal de su obra.

En la serie de noticias que ha publicado EFE, Jiménez ha analizado la figura del escritor desde diversos ángulos, ha penetrado en su obra y mensaje “desde caladeros de fácil aproximación y divulgación que es, al fin y al cabo, lo que tenemos que hacer desde un hilo de actualidad”, apostilla.

Roberto Jiménez forma parte del fantástico equipo de nueve profesionales que EFE tiene en Valladolid y que cada día se deja la piel para informar de todo lo que ocurre, tanto en esa ciudad, en particular, como en Castilla y León, en general, comunidad que supera en superficie a Portugal.

Su día a día es un no parar… Un trabajo que, al igual que realizan el resto de profesionales de las delegaciones y los corresponsales de las provincias, es crucial en el engranaje de esta agencia, que llega a los lugares más recónditos de España y del mundo.

El periodista, natural de Valladolid, colaboró en varias revistas y trabajó varios años en la COPE antes de incorporarse a la Agencia EFE, donde ha desarrollado la mayor parte de su trayectoria profesional. A pesar de ello, asegura que jamás ha pisado la sede central, exceptuando el día que fue a firmar la beca hace 27 años.

Anécdotas aparte, de Jiménez, un veterano “agenciero” de toda la vida, se puede decir que es un apasionado de la tauromaquia, de la literatura y de la historia, un “devorador” de libros, como le definen en su entorno, además de ser un periodista metódico, con una agenda envidiable.

A lo largo de su trayectoria profesional, Jiménez ha cubierto, al igual que sus compañeros, como insiste en subrayar, casi de todo; es lo que tiene trabajar en una delegación, “la mejor escuela de periodismo”, como él mismo las describe, porque, desde muy pronto, se aprenden habilidades para escribir de cualquier cosa.

Congresos internacionales, festivales de cine, visitas reales, inauguraciones, viajes, campañas electorales, manifestaciones, investiduras, sucesos… un suma y sigue, un carrusel de informaciones diversas a las que tienen que hacer frente: “un día tenías que correr delante del Toro de la Vega y al siguiente entrevistar a Marsé o a la Matute en la Feria del Libro”, comenta.

¡Enhorabuena a ti y a todos los compañeros de la delegación de Valladolid, también a la de León, por vuestro buen hacer! Y desde la central, os animamos a todos a continuar el estupendo trabajo que realizáis.

A continuación, la entrevista completa:

P: Valladolid, la tierra natal de Miguel Delibes, se ha volcado en el centenario de su nacimiento. ¿Cómo definirías al escritor?

R: No solo se ha volcado Valladolid. Ahora las redes sociales nos permiten intuir el eco, la verdadera dimensión de un acontecimiento. El fastidio de la pandemia no ha empañado las manifestaciones de cariño que desde tantos y tan diferentes ámbitos han festejado este aniversario.

Recuerdo hace diez años, con motivo de su fallecimiento y sepelio, que fueron miles de personas las que salieron a la calle, visitaron su capilla ardiente, llenaron páginas de condolencias y abarrotaron la catedral y calles adyacentes durante el funeral. En pocas ocasiones, sin la necesaria distancia de los años para calibrar la entidad de un suceso, he tenido la sensación de estar asistiendo a un acontecimiento histórico.

Fue una persona honesta y auténtica, no engañó nunca y esa integridad la trasladó a sus personajes y sus novelas, seres perfectamente reconocibles por todo el mundo, de ahí el éxito fulminante que tuvo toda ella. Profesó la difícil sencillez y la gente sintonizó de inmediato.

P: ¿Le conociste personalmente?

R: Creo recordar que fue en Segovia, durante un Congreso Internacional de Escritores celebrado en 1994 y organizado con motivo del V Centenario del Tratado de Tordesillas. Participó una constelación de autores ya fallecidos, entonces en su recta final creativa e incluso vital, entre ellos Miguel Delibes, Rosa Chacel y Rafael Alberti, con quienes pudimos conversar.

P: Háblame de él, ¿cómo era? ¿era fácil verle por las calles de Valladolid?

R: Miguel Delibes era una persona normal y corriente, metódica y muy celosa de su tiempo e intimidad. A horas fijas se le veía pasear por determinados sitios, casi siempre solo y principalmente en el Campo Grande, a veces en un cine durante la Seminci y, ya durante los últimos años, en los alrededores de su casa, sentado en un banco con alguno de sus hijos.

P: Háblame de la serie de crónicas que has hecho sobre Delibes

R: La idea de una secuencia de informaciones sobre el centenario de Miguel Delibes, en formato seriado y sostenido a lo largo del periodo conmemorativo, no es más que un método de trabajo que, en este caso, podría surtir un buen efecto informativo porque concurren tres factores imbatibles, de indudable potencial: una efeméride redonda (100 años); un escritor conocido, reconocido, vigente, querido y muy leído en todas las capas sociales (Delibes); y un medio de difusión (Agencia EFE), del que a veces creo que no somos conscientes de su alcance y dimensión.

La amplia y diversa personalidad de Miguel Delibes ha facilitado la realización de esta serie de informaciones que ha hecho EFE desde Castilla y León y desde la sede central en Madrid. Se trataba de analizar la figura desde diversos ángulos, de penetrar su obra y mensaje desde caladeros de fácil aproximación y divulgación que es, al fin y al cabo, lo que tenemos que hacer desde un hilo de actualidad, como se ha hecho también desde otras delegaciones y Madrid con la figura de Galdós, el otro gran centenario de este 2020.

En la medida que sepamos extraer la hebra clásica, es decir la pátina de actualidad de figuras históricas con el señuelo de una conmemoración, se habrá hecho un trabajo digno que habría que continuar con otras más allá de las inevitables servidumbres informativas. La política no puede fagocitar la dimensión social, cultural, medioambiental, deportiva…

P: La serie de Delibes ha tenido una gran acogida, también en América Latina, ¿no?

R: No resulta del todo extraño la difusión de cualquier noticia sobre Miguel Delibes en los países de habla hispana, un eco que se remonta a 1955 cuando el escritor se desplazó a Chile y Argentina para impartir varias conferencias que aprovechó para enviar crónicas a su periódico y alumbrar un nuevo libro («Diario de un emigrante»): como buen cazador, mató dos pájaros de un tiro.

Años después, en 1964, pasó un semestre como profesor invitado en la Universidad de Maryland (Estados Unidos). Desde hace casi dos décadas, el Instituto Cervantes, la Junta de Castilla y León y la Fundación Miguel Delibes desde 2011 han revitalizado ese eco a través de congresos, exposiciones, conferencias y otras actividades, lo cual explicaría también, además de la dimensión universal de un escritor sin Nobel, la acogida de cualquier información en América que lleve unidos los nombres de EFE y Delibes.

P: ¿Cómo te acercaste a la figura de Miguel Delibes? ¿Qué destacarías de su trayectoria?

R: Nunca tuve un contacto personal con Miguel Delibes más allá del estricto ámbito informativo: entrevistas, coberturas, libros, congresos, reacciones, declaraciones puntuales, comunicados o consultas que generalmente las hacía a través del teléfono y, durante los últimos, mediante un cuestionario enviado por fax y devuelto a máquina con correcciones manuscritas y su firma.

Su atención hacia la Agencia EFE, con la que incluso colaboró mediante una serie de artículos en los años ochenta («La vuelta a mi mundo en 80 folios»), fue exquisita y puntual. Recuerdo que en una ocasión se dirigió a nosotros para difundir un artículo de opinión sobre los atentados del 11-M («¿Cruzada o guerra santa?». Valladolid, 18/9/2001). En 1993 visitó nuestra oficina en Valladolid con motivo de una amplia remodelación y nos felicitó en 1995 por la obtención del Premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales y Humanidades.

El acercamiento a la figura de Delibes, como les ha ocurrido a cientos de personas, comenzó con las lecturas obligatorias durante la EGB. Recuerdo «El Camino» y «El príncipe destronado», del que guardo un ejemplar dedicado de cuando tenía 14 años.

Después vinieron las adaptaciones teatrales de “La Hoja Roja” y “Las guerras de nuestros antepasados” que pude ver en Madrid, donde he estudiado y vivido desde niño. ¿Se puede decir algo mejor de la obra de un escritor de quien siempre has podido elegir un libro en cada una de las etapas de tu vida?

P: Valladolid es una ciudad muy vinculada a la literatura, ¿eso ha influido en tu vida?

R: ¿Ciudades literarias? ¿Dónde no hay? Lo que sí ha permitido este oficio y el tamaño de Valladolid ha sido la posibilidad de entablar relaciones de afecto con escritores, profesores, historiadores, músicos o cineastas más allá del trato periodístico.

En Valladolid me he tropezado por la calle con José Jiménez Lozano, Miguel Delibes, Santiago de los Mozos, Gustavo Martín Garzo, Julio Valdeón, Bernardo Víctor Carande, Joaquín Díaz, Roberto Domínguez, Jesús Cifuentes, Javier Vielba, Luis Ribot…

P: Has cubierto durante muchos años el Festival de Cine de Valladolid, ¿qué representa ti la Seminci?

R.- Los festivales de cine siempre se tienen que dar en ciudades de tamaño mediano como Valladolid para no quedar engullidos. La Seminci acaba de cumplir 65 años y no se piensa jubilar. Nació en la dictadura, maduró durante la transición y ha resistido varios años de crisis económica y éste de pandemia. Es uno de esos reservorios culturales que ensanchan mentes, ayudan a pensar, acota prioridades y enaltecen a la ciudad que le prohija: un lujo también desde el punto de vista informativo.

P: Me han contado que eres un defensor de los toros ¿Qué opinas de la fiesta del Toro de la Vega?

R: La tauromaquia, más allá de su innegable valor cultural, es un activo económico de primer orden en aportación al PIB, puestos de trabajo directos e indirectos y riqueza económica.

Por si esto fuera poco, la cría, selección y manejo del toro bravo es una de las actividades ecológicas de mayor importancia en España: preserva un patrimonio genético único en el mundo; fija población en un medio rural asolado demográficamente; y lucha contra el cambio climático al ayudar a mantener el equilibrio natural en un ecosistema único: la dehesa, una de las principales aportaciones de España a la biodiversidad dentro del bosque mediterráneo.

P: ¿Qué papel tienen las delegaciones nacionales de la Agencia EFE? ¿Crees que son lo suficientemente valoradas en la central?

R: El mapa genético de EFE es una retícula donde todos sus elementos cumplen una misión diferente pero interrelacionada hasta formar un sistema donde las delegaciones nacionales resultan, como todos los departamentos, indispensables para el funcionamiento de todo el engranaje.

Son un sustrato informativo de primer orden que hay que cuidar, incluidos los corresponsales que, en el caso de delegaciones desmesuradas (Castilla y León supera en superficie a Portugal), resultan imprescindibles. Las delegaciones nacionales son la primera fuerza de choque de cualquier proyecto informativo.

P: ¿Cuántos sois en la delegación? y ¿Qué temas centran vuestra actualidad informativa?

R: Castilla y León cuenta con siete redactores de plantilla y un delegado. Su actividad informativa es la propia de cualquier delegación pero multiplicada por dos, tres, cuatro o incluso por nueve, si se compara con el tamaño de otras comunidades autónomas.

P: ¿Qué hecho noticioso te ha marcado más en tu carrera?

R: Como redactor, ningún hecho noticioso ha marcado mi carrera en sentido alguno. El periodismo sólo cobra sentido cuando provoca algún efecto o beneficio para los demás, y eso sí que lo he comprobado aunque no siempre en acontecimientos memorables o dignos de recordar.

P: Llevas años encargándote de las informaciones relacionadas con la cultura. Cuéntame alguna anécdota.

R: ¿Alguna anécdota? Bueno, pero no creo que sea nada del otro mundo ni tampoco recuerdo haberla compartido con alguien. Fue el 12 de diciembre de 2002 y había quedado, como tantas otras veces, con el escritor José Jiménez Lozano para tomar un café.

Era jueves, uno de los dos días de la semana que él siempre reservaba para desplazarse a Valladolid desde su casa, en el vecino de pueblo de Alcazarén. Siempre solíamos quedar en el café Lion, en la Plaza Mayor, pero ese día cambió el lugar y a mí me extrañó. En principio me citó en la estación de autobuses, donde él llegaría en el coche de línea como siempre, porque decía que no quería estar localizable.

Antes de salir yo de casa, me volvió a llamar para decirme que había recibido una llamada del Ministerio de Cultura y que poco menos le obligaban a quedarse en casa porque en breve le iba a llamar la ministra para comunicarle la concesión del Premio Cervantes. Que me fuera a Alcazarén. Él sabía con antelación lo del premio y no quería ser foco de atención, pero se tuvo que fastidiar.

Su casa se convirtió en un manicomio de felicidad, pero cumplió su promesa de la charla y ya, con la noche caída, cenamos un cacho en una mesa camilla con su familia y algún periodista más rezagado. José Jiménez Lozano falleció el pasado 9 de marzo, le ruego que me disculpe esta indiscreción.

P: ¿Qué personas te han llamado más la atención en tu dilatada trayectoria?

R: Las personas que más me han llamado la atención han sido precisamente aquellas que no hacen ruido, esos ‘pies de lana’ que no se les siente y que, a pesar de su inmensa valía, pasan inadvertidas porque tampoco hacen nada por relucir: discretas, sin anunciarse y exquisitas por su amabilidad. Hay nombres, muy pocos, pero los hay.

P: ¿Cómo te lo imaginas el periodismo dentro de unos años?

R: ¿Realmente existe periodismo ahora? ¿Dónde estará durante los próximos años? Probablemente tengamos que buscarlo en el Museo Arqueológico o invocar al espíritu de Larra, que probablemente se volvería a suicidar aunque por otros motivos.

El uso perverso de las nuevas tecnologías, en especial las redes sociales, ha prostituido aún más el periodismo, lo han adulterado: la inmediatez no casa generalmente con el debido rigor y es terreno abonado para las medias verdades y distorsiones, es decir para manipular. Está irreconocible.

P: ¿Qué crees que hay que mejorar en EFE?

R: Miguel Delibes, a través de la delegación en Castilla y León, felicitó en 1995 a la Agencia EFE por la consecución del Premio Príncipe de Asturias y Humanidades. Nos dijo lo siguiente: «Mantener la independencia informativa hoy precisa de una gran entereza y dignidad frente a tantas acechanzas interesadas en que la verdad no se conozca». Todo lo que no sea ceñirse a ese patrón hay que cargarlo en el debe de cualquier medio, incluidos nosotros.

¿Qué falta? El interés humano debe ser la medida de todo empeño informativo. El periodismo está repleto de declaraciones, opiniones, réplicas y contrarréplicas, dimes y diretes. La selección de contenidos es fundamental al igual que la coordinación con las delegaciones y entre éstas, el refuerzo de personal y el cuidado del estilo y empleo del lenguaje. Es interesante que los proyecto sean sólidos más allá de los inevitables cambios cuatrienales.

P: Termina la frase: EFE es sinónimo de…

R: La sinonimia no deja de ser una reiteración, es mejor la polisemia: EFE significa muchas cosas de las que sentirse orgullosos. Los españoles nos hemos pasado la vida muy complacidos en sacudirnos generalmente con argumentos de otros (y no me refiero solo a la ‘leyenda negra’) EFE es un patrimonio y un activo de un valor inestimable que no debe ser reducido a un mero cálculo mercantil. Es una suma de muchas cosas y un vínculo entre todas ellas.

EFE es un emblema que excede el ámbito informativo: identifica en el mundo a una lengua, un país y una cultura. Ha sido a raíz de la irrupción de internet cuando hemos palpado a modo la difusión de una noticia de EFE, comprobado los lugares a los que ha viajado un teletipo y su efecto. La nuevas tecnologías son, en este sentido, una oportunidad pero también un riesgo. El análisis daría para mucho, pero por encima de todo hay que preservar el prestigio en forma de credibilidad y, por supuesto, del buen uso de la lengua.