Las paradojas de EFE
La Agencia EFE cumple mañana ochenta y cinco años. En un tiempo tan quebradizo como el actual, celebra una trayectoria tan larga es un hito. Esta empresa informativa octogenaria es un reflejo palpitante de lo que ha sido España desde la guerra civil a nuestros días. En sus carnes -aunque en este caso sería más propio decir en sus palabras e imágenes- lleva grabadas algunas de las grandes paradojas de nuestra historia. La principal podría ser que lo que hoy reconocemos como una gran fábrica de libertad de expresión y democracia fue al nacer un instrumento al servicio de una dictadura.
EFE se creó en Burgos el 3 de enero de 1939, tres meses antes del final de la guerra civil. Burgos fue su primera sede porque allí se había formado el primer gobierno de Franco. Su inspirador fue Ramón Serrano Suñer, ministro del Interior y responsable de sus aparatos de prensa y propaganda. En el informe elaborado a finales del 38 para justificar la creación de una agencia, se decía que ésta debía ser “expresión genuina de la Patria y voz auténtica de nuestro imperio espiritual, que difunda las razones de nuestro Alzamiento”.
Ochenta y cinco años después, la Agencia EFE ha realizado la misma y larga trayectoria que la sociedad española en su conjunto. La misma parábola paradójica. Del totalitarismo más brutal, pasando por el desarrollismo de los sesenta, que endulzó los últimos años del franquismo, a la joven y asediada democracia de finales de los setenta y ochenta, asentada ya en el primer cuarto del siglo XXI.
El tránsito entre un tiempo y otro es capital para comprender lo que hoy es EFE. Fue la etapa de una de sus leyendas: Luis María Anson. Durante estos años de gran expansión de la agencia, se multiplicaron las delegaciones en España y se consolidó su presencia en los cinco continentes, con Latinoamérica como principal músculo exterior.
De todos los pasos dados, merecerá la pena detenerse entre los años 1976 y 1978. Este bienio resultó ser constituyente. También en el campo periodístico, pues fue en 1976 cuando, con el impulso de Carlos Mendo, EFE editó su Primer Manual de Estilo, que sería perfeccionado en 1978 bajo la dirección del académico Fernando Lázaro Carreter. Aquel manual, hermano de nacimiento de la Constitución, fue el embrión del Departamento del Español Urgente. Y este, a su vez, la génesis de la Fundéu-RAE, creada durante el mandato de Álex Grijelmo y que hoy mantiene el pulso del idioma informativo en español, bajo la presidencia de honor de la reina Letizia.
El libro de estilo de EFE ha sido actualizado varias veces desde aquella primera concepción, gracias a los buenos oficios de las voces decanas de la redacción, con Emilio Crespo a la cabeza. Hoy, al cumplirse ochenta y cinco años de la creación de la agencia, se inicia un ciclo que tiene como uno de sus elementos centrales, precisamente, la próxima distribución de un nuevo manual, dirigido por el veterano periodista de EFE Javier Lascuráin, en el que se revisan las herramientas lingüísticas, gramaticales y periodísticas de un idioma empleado por una comunidad cercana a los seiscientos millones de personas en todo el mundo.
“El lenguaje es a la vez una ciencia y un arte”, escribió Luis María Anson en el prólogo del primer libro de estilo. EFE se ha convertido, con el paso de estos primeros ochenta y cinco años, en uno de sus brazos principales, matraz del gran laboratorio del lenguaje, retratista de sus mejores obras. La democracia, la libertad de expresión y la información veraz, entre ellas.