La crisis migratoria de Canarias: ¿Cuestión de imagen o de humanidad?

Por Esther Aguirre

Ese es el dilema que afronta Canarias, una comunidad que está viviendo una de sus peores crisis migratorias con la llegada de miles de inmigrantes en pateras a sus costas procedentes de África. Su objetivo es mejorar sus condiciones de vida pero eso le ha costado algunas críticas.

Cuando en algunos sectores se plantea qué imagen está ofreciendo Canarias al turista europeo al alojar en hoteles a los inmigrantes, el periodista José María Rodríguez, responsable de la Agencia EFE en las islas, lo tiene claro y aplaude que se haya apostado por acogerlos “dignamente” en establecimientos hoteleros, a falta de otros recursos.

Rodríguez, que sigue diariamente con verdadero pesar el continuo goteo de pateras que arriban a las costas canarias, recuerda que los inmigrantes llegan en una situación de “absoluta necesidad”, huyendo del hambre y de la miseria, y en busca de su sueño europeo.

Espero que la Europa cívica en la que creo valore aún más a Canarias”, dice, a propósito de las medidas adoptadas por el Ministerio de Inclusión Social con el apoyo del Gobierno canario, para paliar el colapso de la red de acogida y el fracaso del modelo del muelle de Arguineguín, entre ellas el alojamiento de inmigrantes en hoteles.

Y es que en medio de un estado de alarma, con las fronteras de los países cerradas por el coronavirus y con los recursos mermados, en Canarias solo había dos opciones: o dejar que la gente durmiera en el suelo hasta tres semanas en condiciones inhumanas o contratar hoteles vacíos, y optó por “la más razonable”, apostilla.

Conviene recordar siempre que lo que se amontonaba en Arguineguín no eran cajas de mercancía, eran personas”, subraya el periodista, que defiende sin ambages la postura de las administraciones frente a las críticas de los “demagógos que alientan la xenofobia”.

Considera, no obstante, que Canarias no puede seguir mucho más tiempo soportando sola la presión migratoria y recuerda que durante muchos meses, se tuvo la impresión, “bastante fundada”, en su opinión, de que alguien había decidido que las islas ejercieran de “dique de contención” de Europa.

Se dijeron desde Madrid frases como: ´No se puede permitir que lleguen a Europa´, cuando los inmigrantes que pisaban Canarias ya estaban en Europa”, ironiza este veterano periodista, que entiende que había que compartir esfuerzos y no se hizo.

Rodríguez rechaza también que las medidas adoptadas puedan suponer un “efecto llamada” porque entiende que hay ya, de por sí, un efecto salida muy potente, y a las razones que mueven a los africanos a marcharse de su país, se suma ahora el impacto de la covid-19”.

De hecho, destaca que entre las personas que han llegado en los últimos meses a Canarias hay una nueva clase de emigrantes, “africanos que vivían más o menos bien en su país y que acaban de perderlo todo: camareros, taxistas o comerciantes de zonas turísticas del norte de Senegal”.

Con ese trágico panorama, no duda de que seguirán llegando inmigrantes a las costas canarias, por lo que considera que “lo más humano y sensato es facilitar que lo hagan con visado, no jugándose la vida en el Atlántico”.

José María Rodríguez forma parte de la principal agencia de noticias en español desde hace 27 años. Ingresó gracias a una beca de Caja Madrid y, desde entonces, ha desarrollado una intensa e imparable carrera profesional que le ha llevado a dirigir las delegaciones de Cantabria y Canarias.

Padre de dos hijas, este avezado periodista, que ha tenido que bregar en muchísimas coberturas importantes y al que podríamos definir como “un producto 100% EFE”, se formó en sus inicios en la redacción central de Deportes, en Madrid, antes de dar el salto definitivo a las delegaciones nacionales.

Trabajó en la de Cantabria durante catorce años, los últimos cuatro como delegado. Lo suyo eran los tribunales, la ciencia, el medio ambiente y los veranos en la Universidad Internacional Menéndez Pelayo, aunque, al final, como el mismo recuerda, en una delegación pequeña, con un servicio regional propio de abonados, se cubren todo tipo de informaciones.

Desde septiembre de 2011 es delegado general de Canarias, donde se estrenó, al poco de llegar, con la erupción en la isla de El Hierro, la primera en Canarias en 40 años, un hecho que, junto con las graves crisis migratorias que ha tenido que afrontar, han marcado y marcarán su trayectoria y la del equipo de buenos y experimentados profesionales que dirige.

Acontecimientos que, a buen seguro, le han mantenido en vela muchas noches y que le lleva a convertirse en un verdadero ejemplo del trabajo que hace EFE como servicio público.

A continuación, la entrevista completa:

P: Canarias es un punto caliente de la migración. ¿Cómo estáis viviendo la llegada masiva de migrantes a la comunidad canaria?

R: Ha sido un año y medio muy intenso, con un flujo de pateras en algunos meses que supera incluso a la crisis de los cayucos de 2006. Más de la mitad de los rescates de 2020 algo más de 23.000 personas, se concentraron en octubre y noviembre, con 5.000 y 8.000 inmigrantes en números redondos, respectivamente.

Son cifras nunca vistas. Ha sido un fenómeno complejo de cubrir, sobre todo en los meses del confinamiento en el primer estado de alarma, y salpicado de historias que te tocan en lo profundo, por lo terrible de las muertes o por la experiencia vital de algunas personas que han protagonizado nuestras crónicas y reportajes.

P. ¿En qué situación se encuentra Canarias? ¿Crees que puede resistir así mucho tiempo?

R: Lo resumió muy bien el presidente Ángel Víctor Torres: Canarias no puede sola. Y, durante muchos meses, en las islas se ha tenido la impresión, bastante fundada, de que alguien había decidido que las islas ejercieran de dique de contención.

Se dijeron desde Madrid frases como: «No se puede permitir que lleguen a Europa», cuando los inmigrantes que pisaban Canarias ya estaban en Europa. Había que compartir esfuerzos, pero no se hizo. Y, claro, en un momento en el que no eran factibles las deportaciones, porque las fronteras estaban cerradas, no había tránsito hacia recursos humanitarios del resto de España, los inmigrantes llegaban a ritmos de 500 o 600 diarios y la covid condicionaba toda la acogida, el sistema colapsó. Se derrumbó.

Fueron los días del muelle de Arguineguín que todos tenemos en la memoria. Y conviene recordar siempre que lo que se amontonaba allí no eran cajas de mercancía, eran personas.

P. ¿Se están tomando suficientes medidas para reducir la llegada de pateras? ¿Qué crees que se debería hacer para regular la migración?

R: Es difícil de saber. En diciembre asistimos a una llegada de pateras y cayucos mucho menos intensa que la de octubre y noviembre, que fueron de récord. Pero no se ha detenido y cualquier persona con conocimiento cabal de lo que es esta ruta migratoria a la que preguntes te dirá que seguirán llegando.

No es cuestión de efecto llamada. Hay un efecto salida, y muy potente. A las razones que todos sabemos que mueven a los africanos a marcharse de su país se suma el impacto de la covid. Nos parece que la pandemia solo ha arruinado el turismo en España, solo ha hundido nuestra economía, pero también ha ocurrido en África.

Entre las personas que han llegado en los últimos meses a Canarias hay una nueva clase de emigrantes, africanos que vivían más o menos bien en su país y que acaban de perderlo todo: camareros, taxistas, comerciantes de zonas turísticas del norte de Senegal… Y allí no hay ERTEs ni escudos sociales. Seguirán llegando y lo más humano y sensato es facilitar que lo hagan con visado, no jugándose la vida en el Atlántico.

P. ¿Está Europa lo suficientemente implicada con un problema que en definitiva nos concierne a todos? ¿Crees que Europa está escurriendo el bulto?

R: Cuando estuvo por aquí la comisaria de Interior, Ylva Johansson, se hartó de repetir la misma idea: «Europa acoge a quienes buscan refugio por huir de una guerra o una persecución, forma parte de sus señas de identidad, pero todo el que entre ilegalmente a nuestros países por razones económicas debe saber que será expulsado».

Ese es el resumen de su política. Bien. ¿Y si no puedes expulsar a nadie, porque las fronteras están cerradas? ¿Y si te encuentras con una red de acogida más que en precario, que en enero tenía solo unos centenares de plazas? ¿Qué haces con esas personas? La respuesta ya se vio: dejar que duerman en el suelo de un muelle hasta tres semanas en condiciones inhumanas, como pasó en Arguineguín.

O contratar hoteles vacíos, una solución más que razonable, pero que ha servido en bandeja munición a los que construyen discursos demagógos para alentar la xenofobia en mitad de una crisis económica tremenda.

P. Cuéntame alguna anécdota o algún suceso que recuerdes sobre este asunto.

R: Esta cobertura me ha cogido en un momento personal en el que tengo dos hijas pequeñas, de seis y tres años. Muchas tardes, muchas noches, cuando bajaba a Arguineguín a cubrir la llegada de un barco de Salvamento veía a mis hijas reflejadas en los niños rescatados de esa patera, a veces uno o dos, otras hasta ocho.

Creo que de ahí surgieron varias de las crónicas que escribí en esos meses, sobre todo a finales de 2019 o principios de año, cuando podíamos tener un contacto más cercano con quienes llegaban al muelle y con la gente de Cruz Roja.

De esa conexión personal nacieron historias como la de Zeineb Cissé, una bebé a la que su abuela ya daba por muerta, porque se enfrentó en el Atlántico a un temporal horrible, y sobre todo la de Mace, una niñita de ocho años que se subió sola a la patera. Sola, sin ningún pariente, amigo o conocido que la acompañara. Sola, cuatro o cinco días desde Dajla a Gran Canaria.

Hoy es una niña alegre, brillante en el colegio, acogida junto con otras dos pequeñas por una familia canaria. Y a la que incluso han invitado a hablar de tú a tú a niños de su edad en una escuela donde había empezado a colarse el discurso del odio al de fuera. Todavía me emociono cuando hablo de ella.

P. ¿Crees que la imagen que está ofreciendo Canarias en estos momentos con la llegada masiva de migrantes puede afectar al turismo?

R: ¿Qué imagen estamos dando al turismo? ¿La de una tierra que acoge dignamente en hoteles vacíos a personas en absoluta necesidad y, de paso, salva a los empleados y proveedores de esos complejos, que llevan meses sufriendo el cero turístico? Si esa es la imagen, espero que la Europa cívica en la que creo valore aún más a Canarias.

Ahora, si se sigue amplificando la voz de los que identifican inmigrante con delincuente y siembran las redes de supuestas agresiones o agravios que no ocurrieron, nos encontraremos con escenas como la que vimos en Arguineguín a mediados de mes, con una turba yendo en masa a un hotel a insultar o a lo que les dejaran.

Salvo que la ruta vuelva a dispararse, los hoteles se irán vaciando de inmigrantes. Muchos han seguido por su cuenta su camino a la Europa continental, porque traían pasaporte y se compraron un billete de barco o avión a península, y el resto será recolocado en campamentos militares con capacidad para 7.000 u 8.000 personas. Y eso abre otro debate, el de si quieren repetir con Canarias el modelo de Lampedusa o Lesbos.

P. La pandemia se está ensañando también con el turismo de Canarias. ¿Qué medidas han tomado al respecto? ¿Te parecen correctas?

R: Salvo por la pequeña reactivación que tuvo en verano, básicamente con clientes canarios, el sector turístico está en cero desde marzo. Es tremendo, si piensas que veníamos de varios años en los que cada mes Canarias recibía a un millón de turistas europeos, británicos, alemanes y nórdicos.

El Gobierno canario ha intentado varias veces reactivar el sector, con medidas sanitarias duras, que dieron su resultado en agosto y septiembre, cuando aquí comenzó la segunda ola. Pero ha tenido mala suerte: cuando las islas salieron de las listas de destinos de riesgo y se convirtieron en el territorio de España con menos incidencia de covid, resulta que sus clientes principales, el Reino Unido y Alemania, han vuelto a confinarse. Es durísimo.

El turismo mueve todo en Canarias. Pasear estos días por Maspalomas, por Los Cristianos, por Playa Blanca o por cualquier otro lugar turístico que se te ocurra es desolador.

P. ¿Cómo estáis viviendo la pandemia? Hay gente que relaciona el descontrol de la inmigración con el aumento de número de casos de personas infectadas…

R: Ese es otro bulo, fácilmente refutable además: desde el principio de la pandemia el Gobierno de Canarias decidió hacer PCR a todos los inmigrantes que llegaban en las pateras, a todos, sin excepción. Y somete a cuarentena a aquellos que dan positivo o han tenido contacto estrecho con un positivo.

Esa cautela ha funcionado tan bien, hasta diciembre no hubo ni un solo caso de policía, marinero de Salvamento, guardia civil, voluntario de Cruz Roja, sanitario del Servicio Canario de la Salud que se contagiara por los inmigrantes a los que atendía. Los sindicatos policiales acaban de denunciar un caso, la muerte de un agente en Málaga que vinculan al servicio que prestó en Canarias durante dos semanas.

Ignoro los detalles sobre cómo contrajo ese policía la covid, pero es un hecho contrastado por la Consejería de Sanidad que la migración no ha sido fuente de contagios en Canarias. Aquí los brotes han venido por otros comportamientos, por el ocio nocturno, por las reuniones familiares, por algunas relajaciones inadecuadas en el trabajo… como en todo el país.

P: Algunos políticos creen que este es un argumento xenófobo o racista. ¿Cuál es tu opinión?

R: Lo es. Estas semanas he oído decir con tono de escándalo cosas como «Se les ha permitido volar a Málaga, a Valencia, a Granada, adonde sea, sin una PCR». La gente lo escucha, se lo traga y dice ‘claro, son un peligro’. Pero no se pregunta si al resto de los pasajeros de esos vuelos se les pidió una PCR para viajar a la península, que no se les pide, ni escucha que precisamente todos los inmigrantes tienen una PCR hecha nada más bajarse de la patera.

Si se han infectado después con el coronavirus no es por ser inmigrantes, sino por estar expuestos a los mismos riesgos de contagio a los que puedo estar expuesto yo. Es tan peligroso ese argumento, que de hecho fue el que provocó este verano el primer ramalazo xenófobo que hemos vivido este año en Canarias, cuando se alentó a los vecinos de un pueblo, Tunte, a echarse a la calle con el bulo de que los subsaharianos que iban a ser alojados en una antigua escuela traían el coronavirus.

P. ¿Cuántos sois en la delegación? ¿cómo os organizáis? y qué temas que centran vuestra actividad diaria?.

R: Somos una delegación con quince personas repartidas en dos oficinas, en Las Palmas de Gran Canaria y Santa Cruz de Tenerife. Catorce, en realidad, porque uno de nuestros compañeros falleció hace unas semanas.

Cada una de las dos redacciones tiene la misma estructura: cinco redactores, un fotógrafo y un responsable, a los que se añade una comercial para toda la comunidad autónoma. Y no me olvido de la red de colaboradores externos, que abarca a todas las islas, menos La Graciosa, y sin los cuales no podríamos prestar el servicio que ofrecemos.

La dinámica de trabajo en condiciones normales es muy similar a la de cualquier otra redacción, porque hay un servicio regional que alimentar cada día con historias y fotos. Hay política, cultura, economía, deporte, sociedad, prestamos especial atención a la ciencia y el medio ambiente… Pero no te oculto que si miras ahora nuestro servicio o nuestra web, una gran proporción de las noticias tienen que ver con dos temas: coronavirus e inmigración. Es la agenda que marca la actualidad, nosotros no la podemos cambiar, pero sí procuramos humanizarla.