Por Esther Aguirre

Arriesgan sus vidas cada día mientras la mayoría de los españoles llevan confinados en sus casas ya más de cuatro semanas por el Coronavirus, pero ellos siguen al pie del cañón, conscientes de que su trabajo es fundamental para mantener informada a una sociedad en shock. Y es que EFE tiene sus propios propios héroes: los fotógrafos.

Sebastián Mariscal trabaja en Madrid y Alberto Estévez, en Barcelona. Son solo dos de ellos, pero representan a una generación de brillantes profesionales, que ha respondido maravillosamente bien ante esta demoledora pandemia. Nadie esperaba menos de ellos; es lo que tiene dejarse siempre la piel buscando la mejor imagen.

Lo que les diferencia ahora es que van pertrechados de material de protección: mascarillas, guantes y geles, e intentan hacer su trabajo con sumo cuidado para evitar el contagio, pero el resto es más de lo mismo, tal y como asegura Mariscal, un fotógrafo todoterreno que, tras años con una cámara de televisión sobre sus hombros, ha dado un giro inesperado a su carrera y se ha decantado por la fotografía.

Y lo ha hecho con gran acierto: Mariscal, en sus distintas misiones, ha sido testigo de excepción en algunos momentos históricos de nuestro país y, por eso, algunas de sus impactantes instantáneas han quedado ya para el recuerdo de todos. Entre ellas las de un hemiciclo prácticamente vacío durante la aprobación de la primera prórroga del estado de alarma por el Coronavirus.

Sólo él entró ese día, ningún otro medio de comunicación lo hizo, y sus imágenes -que evidenciaban la tragedia y la gran preocupación del equipo de Gobierno y de los portavoces de todos grupos por la situación- se distribuyeron en régimen de pool y recorrieron todas las redacciones de España.

Sin embargo, él con la humildad que le caracteriza siempre, resta protagonismo a su labor y centra el foco en el resto de sus compañeros de EFE al preguntarse por las instantáneas que hubieran hecho ellos en su lugar.

Alberto Estévez, jefe de los fotógrafos de EFE en Cataluña, es otro de los profesionales de larga trayectoria que no pega ojo estos días. Y es que consciente del momento histórico, no quiere que se le escape nada. Está al frente de un equipo de fotógrafos “muy rodado” que lo está dando todo, haciendo un trabajo “ejemplar”.

“La verdad es que no esperaba menos de ellos, pero sería comprensible que en medio de una pandemia alguno/a hubiese mostrado alguna reticencia para salir a la calle a trabajar. No ha sido así, ni mucho menos. Lo que me cuesta es hacer que paren. Se pasan el día en la calle y no consigo que se queden un día en casa”, comenta.

A lo largo de su trayectoria ha visto “casi de todo”, Esteve ha bregado con importantísimas informaciones: coberturas políticas, económicas, sociales, se ha encargado de dirigir con éxito grandes eventos deportivos, etc.., pero esto es un desafío diferente y, como tal, intenta mantener alto el ánimo de los suyos.

También desde la central, en Madrid, las periodistas Lola Cintado y Rosa Escribano, que capitanean en estos momentos a este equipo, en ausencia de la directora del departamento, Anna Peralta, de baja médica, aplauden el trabajo de los fotógrafos.

Y sus directrices son claras: “Son ellos los que deciden hasta dónde llegar, no deben correr riesgo”, porque “ninguna foto merece resultar contagiado”, subraya Cintado, quién, a su vez, destaca el esfuerzo y la “colaboración entusiasta” de todos los miembros de la redacción y de los operadores.

Con una visión más general, la subdirectora de Gráfica reflexiona sobre el futuro de la profesión para señalar que, tras esta emergencia sanitaria, el “periodismo cambiará y se tendrá que adaptar al nuevo desafío”, lo que supondrá una “oportunidad para reinventarnos”. “Ya no valen los miedos, este es un desafío tan grande en el que, si tenemos miedo, fracasaremos”.

Un futuro y un presente en el que Cintado recuerda la importancia de la vocación y el sentido de EFE como servicio público: “Llevamos lo público en el ADN y si antes éramos necesarios, ahora somos imprescindibles”, apostilla.

Finalmente, es de justicia poner también en valor el trabajo de tantos profesionales de EFE y EPA, a lo largo y ancho del planeta, que, con su audacia y empeño diario, nos permiten ver una realidad muy alejada de la nuestra. Sin su trabajo el relato de la historia quedaría incompleto.

A continuación, hablan los protagonistas:

 SEBASTIÁN MARISCAL, fotógrafo en Madrid:

P: ¿Cómo se afronta una cobertura en la calle desde el punto de vista de la protección personal?

R: Pues yo salgo de casa con la mascarilla y guantes puestos, llevo gel a mano en uno de los bolsillos de la chaqueta e intento no tocar nada. Al llegar a casa, me descalzo en la puerta y me dirijo a la terraza, donde meto en la lavadora la ropa; dejo el abrigo colgado en una percha; me quito los guantes y a la ducha sin tocar nada. Y así día tras día. Tenemos la «suerte» de que al desplazarnos en nuestro vehículo, no corremos el riesgo de viajar en transporte público.

 P: Has sido el único fotógrafo de un medio de comunicación que has podido entrar en los dos plenos extraordinarios que se han celebrado el Congreso. ¿Qué sensación tuviste al ver casi todos los escaños vacíos?

R: La sensación de los escaños vacíos era extraña. Los sonidos se oían más que en otras ocasiones y había que repartir la atención sobre menos políticos que en un pleno normal, lo cual facilitaba la labor. Lo que siempre recordaré fue la primera vez que aparecieron Valentina Cepeda, el primer día, y Catalina Guille y Pilar Gil, el segundo, las ujieres que limpiaron los micrófonos, pasamanos, etc, de la tribuna donde intervienen los diputados.

 P: Acostumbrado a tener que dar codazos para trabajar, ¿cómo te sentiste tú solo como testigo de lo que estaba pasando en el hemiciclo?

R: Eché de menos a los compañeros bromeando y haciendo comentarios, algo que siempre hace pasar el tiempo más rápido. Los posibles codazos se producen cuando nos dejan bajar al “ruedo” unos minutos antes de comenzar el pleno, pero en esta ocasión Verónica Povedano, la fotógrafa del Congreso, y yo sólo podíamos trabajar desde las posiciones laterales para evitar aproximarnos a los diputados.

Lo que sí estuve pensando, sobre todo el primer día, fue en mis compañeros fotógrafos de EFE que, por su experiencia y habilidad (yo sólo llevo cuatro años y medio de fotógrafo, antes era cámara de televisión), hubieran sacado muchísimo más rendimiento incluso a una ocasión así. Pero me tocó a mi e intenté tomar imágenes desde todos los ángulos posibles. La experiencia del primer pleno me sirvió para mejorar en el segundo, creo.

 P: ¿Qué ambiente había? ¿Más silencio que de costumbre? ¿Se respiraba preocupación?

R: Había una atmósfera especial ese día, sobre todo el día del primer pleno. Más silencio que de costumbre, más distancia entre todos, se respiraba preocupación. Percibí más tensión el segundo día, incluso alguna risa nerviosa en algún diputado. Recuerdo el gesto muy serio del vicepresidente Pablo Iglesias durante las 11 horas de Pleno (15 pm a 2am) y la apariencia de cansancio en algún ministro como el de Sanidad. Y algún párpado pesado a partir de la media noche.

 P: ¿Tienes alguna anécdota de estas dos sesiones del Parlamento? 

R: Recuerdo que tras 6 horas de trabajo el segundo día, con el trajín de dos cámaras (el 400mm, cambia de objetivo, envía, cambia de posición, nervios, etc…), los guantes se fueron desintegrando por las puntas de los dedos poco a poco. Al final me los quité, siempre con la fijación que siempre llevo en mente de no tocarme la cara.

 P: ¿Cómo te las apañaste para aguantar las doce horas que duró la segunda sesión? ¿Pudiste salir del hemiciclo sin ningún problema?

R: ¿Cómo aguanté? Pues sabiendo que no había lugar para el cansancio, que la responsabilidad que me había tocado había que asumirla y pensando que ya descansaría. Los fotógrafos y cámaras nunca nos dormimos al volante de nuestros equipos.

 P: ¿Qué problemas te estás encontrando en la calle? ¿Hay mucho control por parte de la Policía? ¿Te piden papeles que justifiquen tu trabajo en la calle?

R: Salgo cada día de casa con la acreditación de prensa colgada al cuello y los documentos de EFE para presentar ante las autoridades siempre a mano. En mi caso, siempre que veo policía o guardia civil me acerco, me presento y enseño mi credencial, después levanto la cámara, a no ser que sea una situación donde considere mejor disparar y luego explicarse.

 P: En estos momentos no hay muchas convocatorias de prensa. ¿Vais a las puertas de hospitales, supermercados, farmacias, morgues?

R:  Sí, en todos esos sitios he estado estos días. El Palacio de Hielo como morgue es algo que tampoco olvidaré, siempre desde el exterior. No conocía ese sitio, soy de la zona sur de Madrid, pero si patinase creo que nunca podría volver allí.

 P: ¿Cómo se trabaja en IFEMA? ¿Qué te dejan grabar? ¿Tienes que solicitar antes el permiso o puedes llegar e improvisar?

R: No he trabajado en IFEMA. De dentro sólo he visto imágenes de fotógrafos de la Comunidad de Madrid y de Pedro Armestre para El País. Un compañero comentaba, con mucha razón, que EFE tendría que haber gestionado que entráramos allí.

 P: ¿Cómo estás desde el punto de vista emocional? ¿habías vivido algo semejante? Con lo que estás viendo estos días, ¿te cuesta conciliar el sueño?

R: Desde el punto de vista emocional nosotros siempre llevamos el filtro de la cámara entre la realidad y nosotros. He derramado más lágrimas esta semana que no trabajo viendo a señoras y señores mayores yendo a la compra en mi barrio y jugándosela. Supongo que las emociones salen a posteriori.

Sí me cuesta dormir, básicamente por el tema único en el que se han convertido nuestras vidas y sus efectos colaterales, pérdida de seres queridos ,ERTES, paro, futuro incierto, etc.

 P: ¿Tomas precauciones de posible contagio con tu familia?

R: Vivo con mi pareja e intento tomar medidas para no «traer» a casa nada, pero igual que cuando salgo a la compra, todos tenemos nuestro ritual. A mi padre de 96 años llevo sin verle tres semanas y lo que nos queda… afortunadamente vive con mis hermanas y está muy bien cuidado; hago videoconferencias con ellos a diario.

 P: ¿Mantienes comunicación con otros compañeros de otros medios para saber dónde puede haber noticia inesperada? ¿Hay más colaboración de la habitual en este sentido?

R: Sí estoy en contacto con los compañeros de EFE y, a través de un par de grupos de whatsapp de fotógrafos, nos mantenemos al día. Y sí, nos preguntamos y aconsejamos estos días sobre temas de trabajo. Hay compañerismo.

 P: ¿Percibes mayor solidaridad en general?

R: Solidaridad en general creo que sí, pero somos muy egoístas e incivilizados, en muchas ocasiones. Cerca de los hospitales se te pone la carne de gallina, pero en mi barrio veo cosas que no me gustan, y entre políticos tampoco veo que vayan todos a una. Creo que muchos sacarán o intentan sacar provecho de esta situación y otros han cometido errores graves.

 P: ¿Cuál ha sido tu mejor foto?

R: Pues no lo sé, como dicen los que saben, la que espero hacer próximamente. No es la mejor, pero sí una que nos define bien, creo, recuerdo con cariño a unos abuelos jugando tranquilamente al mus en un bar mientras el presidente Sánchez anunciaba en televisión medidas ante el Coronavirus del día 12 de marzo.

También tengo cariño a las de las ujieres del Congreso, gente trabajadora. Y una de un sanitario entrando al Hospital Infanta Leonor, ataviado con traje, etc… y con su nombre pintado a rotulador en la espalda: Juanito.

 P: ¿Qué enseñanza te deja el coronavirus?

R: La enseñanza que me deja el Coronavirus es que tenemos un sistema sanitario y unos profesionales que ha sido la envidia de muchos países y del que siempre deberemos estar orgullosos. Y lo que echo de menos: los abrazos, los apretones de manos, los besos, el contacto con la gente y, sobre todo, con mi padre y mis hermanos.

ALBERTO ESTÉVEZ, jefe de fotógrafos en Cataluña

 P: Barcelona es, junto con Madrid, una de las ciudades más afectadas por el coronavirus en España. ¿Qué ha supuesto este cambio vital y profesional en el ejercicio del trabajo?

R: La verdad es que la sección de Fotografía en Cataluña está muy rodada cubriendo informaciones relevantes. Llevamos varios años así, con un gran volumen informativo, y estamos muy acostumbrados a trabajar bajo mucha presión. Esa experiencia se está notando ahora en la calidad y cantidad del trabajo que están realizando mis compañeros, que están afrontando la situación con mucha tranquilidad y profesionalidad.

En mi caso, al ser fotógrafo y editor, además de coordinador, ya era habitual que algunas horas o algunos días realizara teletrabajo. Siempre me muevo con un ordenador portátil que uso esté donde esté para editar y publicar las imágenes de mis compañeros ya sea en mi casa, la calle o una cafetería. Llevo muchos años así, por tanto, mi equipo yo estábamos preparados para este cambio. No ha supuesto ningún esfuerzo extra.

Realmente lo más difícil de esta situación es compatibilizar el teletrabajo con la vida familiar y la atención de los niños. Tengo dos hijos pequeños y a veces resulta complicado hacerles caso mientras me están entrando por la PMU fotos urgentes.

 P: ¿Cómo ha respondido la plantilla de gráficos y de editores?

R: Maravillosamente bien. La verdad es que no esperaba menos de ellos, pero sería comprensible que en medio de una pandemia alguno/a hubiese mostrado alguna reticencia para salir a la calle a trabajar. No ha sido así ni mucho menos. Lo que me cuesta es hacer que paren. Cada día me proponen temas distintos para hacer, se pasan el día en la calle y no consigo que se queden un día en casa.

 P: ¿Pasan por la delegación o transmiten directamente desde sus cámaras?

R: Desgraciadamente la gran mayoría de los fotógrafos son colaboradores y no pueden entrar en la redacción, por lo que ya estábamos usando diferentes medios tanto de comunicación como de envío de imágenes.

Nos comunicamos por chats y videochats (para reuniones); y envían fotos por diferentes medios: desde cámara (cuando hay más prisa), desde el teléfono, la tablet o el ordenador portátil.

 P:¿Cómo es la comunicación con la central? ¿Ha cambiado mucho?

R: La verdad es que no ha cambiado. Yo estoy en contacto constante con la mesa central de Madrid, tanto por chat como por teléfono, y ahora sigo haciendo lo mismo.

 P: ¿Cómo les ves de ánimo? ¿Están preocupados por su salud?

R: El ánimo es bueno y la disposición, la mejor. Saben que estamos haciendo un trabajo excelente y somos un referente tanto en EFE como en otros medios, y eso les anima a seguir con el máximo nivel.

De forma puntual, alguno/a puede tener momentos malos, sobre todo en el aspecto personal, cuando la enfermedad afecta a familiares o personas cercanas, por ejemplo. Ahora mismo Susanna Sáez, nuestra compañera de la Cataluña central, tenía a su madre ingresada tras dar positivo -ahora ha está recuperada- pero ella siguió trabajando.

Alejandro García es el hijo de una de las enfermeras de la UCI del hospital Vall d’Hebron, una de las más saturadas. Aún así no ha dejado ni un día de salir a calle a hacer fotos.

Yo intento preocuparme por su salud anímica y apoyarlos en lo que puedo. La constante comunicación en nuestros chats también ayuda a mantener el ánimo alto.

 P: ¿Cómo está siendo realizar una cobertura un poco a ciegas, sin tener claro dónde está, en cada minuto, el foco de la noticia? ¿Se hacen guardias en lugares «clave»? 

R: Esto es lo más complicado. Cada día hago un briefing con el equipo donde marco algunas líneas de cobertura y ellos me proponen temas para cubrir, y luego lo pulimos todo entre todos.

Además, en Cataluña, como en otras delegaciones y secciones, hemos creado un chat con todos los trabajadores de la parte informativa (texto, tv y foto) y ahí nos vamos pasando las informaciones que nos van llegando.

Pero también hemos hecho muchas guardias. En hospitales, residencias, tanatorios, y también mucha imagen de calle, dando vueltas. Lo más raro ahora es tener una convocatoria de algo que no sea una rueda de prensa telemática.

 P:  Imagino que cuando llegas a casa no puedes desconectar del todo para no perderte nada ¿Crees que te pasará factura?

R: Solo puedo hablar personalmente, y sí, me resulta imposible desconectar. Antes ya no tenía un horario muy marcado, pero ahora me ocupo de todo lo que pasa, desde que me levanto hasta que me acuesto.

Tengo tantos chats de trabajo que siempre hay algún mensaje nuevo que atender, y cuando tengo momentos libres los paso pensando en qué podemos cubrir más o mejor, por dónde podemos tirar, etc. No sé si me pasará factura.

 P: En el terreno personal, ¿Cómo estás viviendo la situación en casa?

R: Como padre, me preocupa más cómo afectará el confinamiento a mis hijos. Con mi familia intento vivir día a día, porque pensar más allá es difícil e imposible de prever.  Aunque suene a tópico estamos viviendo un momento histórico, que marcará un antes y un después e intento que el vértigo no me arrastre.

Tengo que estar centrado tanto por mi familia como por mi trabajo, así que trato de mantenerme sereno sin pensar mucho en lo que puede llegar a ocurrir. Supongo que lo llevaría peor si tuviese a alguien cercano afectado y, afortunadamente, por el momento, no es el caso.

 P: ¿Estás satisfecho con el trabajo que se está realizando?

R: Estoy muy satisfecho con el nivel de calidad y el esfuerzo que está haciendo mi equipo. Hacen fotos buenísimas a diario y siguen encontrando nuevos puntos de vista a pesar de que cada día es lo mismo que el anterior.

Me ha sorprendido la capacidad de iniciativa que están mostrando. Todos los días me proponen temas y obviamente es un alivio comprobar que no son de los que esperan que les digas un lugar y una hora para salir a trabajar.

Sí que es verdad que me gustaría poder hacer más cosas, acceder a más lugares que hasta ahora ha sido imposible, pero seguimos intentándolo. Hay demasiados filtros y demasiados actores, y a veces cuesta dar con la persona adecuada.

 P: ¿Consideras que EFE está aportando una visión diferente en algunos aspectos?

R: No sé si diferente, pero sí ejemplar. Creo que estamos demostrando, en todos los soportes informativos, la importancia que tiene nuestra empresa, la vocación de servicio público y el compromiso de sus trabajadores con esa idea. Estamos dando un servicio amplio y variado, muy completo.

 P: ¿Cuál o cuáles han sido las fotos de los últimos días que más te han cautivado?

R: Muchas, no podría decir una. Cada día me envían fotos que me sorprenden o me emocionan. De los dos últimos días os diría una de Alejandro García, de la chimenea del crematorio de Montjuic con los nichos detrás; alguna de las fotos de Quique García en el tanatorio de campaña de Collserola instalado en un parking; una de Enric Fontcuberta de una persona solitaria en un pasillo del Metro… Pero no quisiera olvidarme de los demás: Andreu Dalmau, Toni Albir, Susanna Sáez, Marta Pérez… Todos están haciendo un trabajo fantástico.

P: ¿Con qué te quedas de la experiencia de trabajar en remoto?

R:  Espero que esta experiencia sirva para que la gente acabe de entender que sí se puede hacer y que puedes ser igual o más eficiente que en la oficina. Pero también es verdad que el teletrabajo full-time puede llegar a ser alienante, y la experiencia de la redacción en vivo es más ágil y enriquecedora.

Cuando antes del coronavirus pasaba dos o tres días haciendo teletrabajo, necesitaba ir a la redacción a socializar, compartir con compañeros temas en vivo o planear coberturas cara a cara. Siempre es más ágil una conversación en vivo que en un chat.

Creo que el camino a seguir debe de ser la flexibilización y la compatibilización de ambas formas de trabajo. Y aceptar el teletrabajo de forma natural, porque, como estamos viendo, funciona.