Por Alfredo Langa Hernáez

Una buena historia no basta por sí sola para convertirse en un trabajo premiado. Los XXXVIII Premios Internacionales de Periodismo Rey de España, los más importantes del ámbito iberoamericano, reconocen la humanidad, resiliencia y profesionalidad de sus autores. Pero, detrás de los trabajos, hay historias que marcan la vivencia personal del periodista.

El magnicidio fallido contra Nicolás Maduro, el agónico trasplante de corazón a un niño de quince meses o el asesinato de un hermano en las barriadas de Medellín son algunos de los grandes relatos de los nueve trabajos premiados de periodistas de Cuba, México, Guatemala, Colombia, Chile, Portugal y España.

Fotografía de una muerte anunciada

J (alias ficticio para preservar su anonimato), de 18 años, descansaba a medianoche en su habitación del barrio de La Gabriela, en la localidad colombiana de Bello, una de las más hostiles de Medellín. Su hermano, ausente aquella noche, apareció en los sueños del joven. Su expareja lo había asesinado y transportado hasta una cantera cercana.

Sobresaltado, J  despertó, y horas más tarde, el cadáver de su hermano fue hallado en el lugar que había soñado.

“Antes de que lo encontraran, yo ya sabía donde estaba y quién lo mató”, le aseguró J a Carlos A. E. Velásquez Piedrahita, Premio Internacional de Periodismo Rey de España de Fotografía, que capturó el momento en el que el joven abrazaba el cuerpo inerte de su hermano.

El episodio, que bien podría pertenecer a un relato de García Márquez, forma desgraciadamente parte de la violenta realidad que sacude Latinoamérica, y que pone a prueba cada día la empatía y el coraje de fotoperiodistas como Velásquez.

“Cuando una sociedad normaliza la muerte como algo cotidiano pierde gran parte de su humanidad”, afirma este reportero gráfico del diario El Colombiano. “En mi país existe mucha apatía y si hay algo que pudiera cambiar sería precisamente que nos miráramos más a los ojos y viéramos el dolor del otro como propio”.

Un espíritu periodístico inquebrantable

José Rubén Zamora, director de El Periódico de Guatemala y nieto de un periodista exiliado durante catorce años, ha visto de cerca la muerte, y la ha sorteado en varias ocasiones. 

“En el 2003, 17 miembros de la élite de contra inteligencia allanaron ilegalmente mi hogar, y mantuvieron fusiles y pistolas apuntadas a mi esposa e hijos por 4 horas. Simularon mi ejecución en 3 ocasiones. En el 2009, miembros del servicio secreto responsables de la seguridad del presidente me detuvieron ilegalmente en lo que es conocido como la zona viva de la ciudad de Guatemala, para luego entregarme a una banda criminal que me inyectó diazepaminas. Me llevaron inconsciente a las montañas y me dieron por muerto. Estuve más 17 horas sin mostrar señales de vida. Incluso me realizaron la autopsia». 

Ni las amenazas, ni los sobornos, ni las ordenes estatales que forzaban la retirada de anunciantes han conseguido acallar la voz y el espíritu periodístico del Premio al Medio Destacado de Iberoamérica.

Su periodismo de investigación ha logrado el encarcelamiento del ex presidente Otto Pérez Molina, la renuncia de la vicepresidenta Roxana Baldetti, o la destitución del secretario del servicio secreto presidencial Carlos Quintalla, entre otros hitos.

“El periodismo es un ejercicio subversivo. Tiene lugar en un contexto de marginalidad y soledad, y uno siente que está luchando contra molinos de viento”, sentencia Zamora, que asegura sentir menos miedo a medida que los años pasan.

Magnicidio frustrado en antena

La presencia en antena de un alto mando militar, minutos después de hacerse público su fallido magnicidio contra su presidente, no ocurre todos los días. 

El 23 de marzo de 2020, un Dacia Duster atravesaba Pueblo Viejo, un municipio costero entre Barranquilla y Santa Marta, cuando un equipo de la Policía colombiana detuvo el vehículo. En su interior, 26 fusiles americanos, 14 cascos blindados con visores nocturnos y tres chalecos blindados descansaban antes de cruzar la frontera venezolana.

Clíver Alcalá, general venezolano afincado desde hacía dos años en Barranquilla, había delineado el plan para asesinar a Nicolás Maduro: Varias embarcaciones se adentrarían en aguas colombianas rumbo a Venezuela, donde una unidad paramilitar perpetraría el atentado.

Juan David Cardozo y Camila Andrea Sarmiento Méndez, premios Rey de España de Radio, contactaron a Alcalá minutos después del anuncio del departamento de Estado de EEUU del intento de golpe militar:

“En ese momento llamé a Clíver -declara Cardozo, productor de la W Radio, que ya había seguido la pista al militar años antes-. A las once estaba en el aire, o incluso antes. Fue llamar en caliente y así es como se logró”. 

Esta capacidad de reacción refleja el compromiso con la inmediatez del periodismo de la W Radio, a quienes no les tiembla el pulso al repreguntar, en directo, a un magnicida hasta sacar la verdad a la luz.

Mares de plástico

Catarina Canelas, reportera de la televisión portuguesa TVI, dudosamente hubiera imaginado que unas vacaciones en México la iban a impulsar a recorrer cuatro continentes para documentar el impacto del plástico en el medio ambiente. 

“Estaba en una playa paradisíaca cuando me vi rodeada de plástico”, recuerda la ganadora del Premio de Periodismo Ambiental y Desarrollo Sostenible. Los más de 1.400 kilómetros que uno de los plásticos ‘made in Honduras’ había recorrido sacudieron a la reportera: “Comprendí que el océano es solamente uno. Se trata de un problema global”. 

En su regreso a Portugal, convenció al director de informaciones para realizar el documentalPlástico: O novo continente a lo largo de siete países durante casi un año.

“Estamos sobre la línea roja y el reloj sigue corriendo”, advierte quien ha presenciado el declive del ecosistema. “El Mediterráneo es el mar más podrido”, sentencia con preocupación.

A pesar de la crudeza de las imágenes, Canelas se muestra optimista y asegura que hay mucha gente trabajando para revertir la situación. Y nos insufla algo de esperanza.

El despertar de las mexicanas

Antes de iniciar la investigación para ‘Calladitas nunca más’, su serie premiada de podcast sobre los movimientos feministas mexicanos, Inger Díaz Barriga Leal no había tenido ningún acercamiento a esos colectivos. 

“No fue hasta 2019, en la edad adulta, y a raíz de todas las conversaciones que surgieron de mi investigación y que me llevaron a leer voces más analíticas del feminismo y en especial de los feminismos contemporáneos”, afirma la ganadora del Premio Especial Iberoamericano de Periodismo Cultural y Desarrollo Social.

“La valentía de las mujeres que deciden hablar o denunciar sus agresiones es enorme, porque se enfrentan a un sistema que tratará por todos los medios de invisibilizar sus testimonios y su experiencia”, asegura la periodista. “Me sobrecoge pensar que durante tantos años he sido ignorante de estas dinámicas”.

Díaz se mostraba inicialmente en contra de la quema de comisarías y ataques a paradas de autobús ocurridos durante las protestas. Pero, con el paso del tiempo, las asumió como una forma efectiva de llamar la atención de una sociedad que ignora el grito de auxilio de las mujeres.

“Cuando comienzas a seguir las cifras de denuncias y ataques de miembros del ejército y fuerzas policiales a mujeres, las estadísticas de las 380.000 mujeres atacadas durante los últimos años, es brutal. Nadie dice nada, seguimos como si nada pasara, y por eso prende la mecha”.

A pesar del recrudecimiento de la violencia machista en algunos casos, Díaz se mantiene optimista. “La violencia no ha cesado y en algunos casos se ha recrudecido, sin duda. Pero ahora algunas mujeres sabemos que aunque las autoridades o la sociedad descalifiquen nuestras denuncias, hay un mar de hermanas que saldrán a la calle a protestar si algo nos pasa. Eso no ocurría antes, y es esperanzador”.

La revolución no será televisada

Gil-Scott Heron escribió en 1971 su célebre poema-canción ‘The revolution will not be televised’. Cincuenta años más tarde, la profecía se cumplió en las protestas que lograron reformar la Constitución de Chile, donde miles de ciudadanos se informaron a través de los vídeos publicados por otros usuarios en redes sociales.

Tania Opazo, premio Rey de España de Periodismo Digital y periodista del medio chileno La Tercera, comenzó un proyecto que rastreaba a los autores y protagonistas de los vídeos del estallido social, para conocer los antecedentes y desenlaces de sus historias.

“Detrás de un vídeo que dura 70 segundos hay un contexto que no se ve. Queríamos preguntar por el antes y el después, qué había pasado con los protagonistas de sus vídeos y ver qué cosas se habían perdido en ese proceso de viralización”, declara.

“Ni siquiera todos los medios locales unidos hubieran sido capaz de registrar todo lo que registran miles de personas en las calles – afirma Opazo-. “El periodismo va mucho más allá de la labor de los medios tradicionales, tiene otra cara”.

Esa otra cara incluye la exhaustiva labor de verificación de La Tercera, con la que ya estaba familiarizada Opazo y su equipo desde la propagación de bulos en redes al inicio de las protestas.

“Creamos un correo especial y un canal de Whatsapp para que nuestros lectores pudieran enviarnos las noticias que les llegaban y querían verificar», asegura la directora del proyecto, que consiguió localizar a los autores reales a través de los metadatos de los vídeos.

Éxodo: Los venezolanos atrapados entre Colombia y Venezuela

Tachados de ladrones en el país de acogida y de traidores en su Venezuela de origen. En este limbo se encuentran los más de 70.000 venezolanos que se han visto forzados a regresar a su país desde el inicio de la pandemia, tras emigrar a Colombia en busca de un futuro mejor.

John Torres Martínez, periodista del diario colombiano El Tiempo, dirigió el proyecto multimedia “Migrantes: resistir en medio de la pandemia”, galardonado con el Premio Iberoamericano de Periodismo Internacional Rey de España.

“Hay que destacar que el gobierno colombiano ha permitido que los hijos de migrantes venezolanos accedan al sistema educativo”, alaba José Luis Valencia, hijo de migrantes e integrante del equipo detrás del premio, ante el recelo que la medida ha generado entre ciertos sectores populares colombianos. 

Las familias que recorren a pie cientos de kilómetros sobre el abrasivo arcén de la autopista hasta las grandes ciudades colombianas comparten desgarradoras historias similares.

«Un venezolano llegó caminando a Cali después de que la mujer lo abandonara en el camino por otro hombre», cuenta Valencia, quien vivió de cerca durante meses el drama de los que decidían regresar a casa, que permanecían internados y separados por sexos sin esperanza.

Leonardo Padura, la voz crítica que decidió permanecer en Cuba

El drama del exilio también le es familiar al escritor y periodista cubano Leonardo Padura, autor de obras críticas como ‘Regreso a Ítaca’ o ‘El hombre que amaba a los perros’, que le convirtieron en una figura ensalzada internacionalmente y denostada por la prensa de la isla caribeña.

«Mi objetivo no era la denuncia de la censura, era mostrar a Padura en su esencia más humana», relata Náyare Menoyo, autora del primer documental biográfico sobre el también filólogo.

El documental «Leonardo Padura: una historia escuálida y conmovedora», Premio Rey de España de Televisión, fue el trabajo de graduación de la joven periodista, producido junto a otros dos compañeros:

«Lo más difícil fue armar un producto que yo ni siquiera considero un documental» -confiesa su realizadora-. «No estaba preparada para hacer uno, mi formación estaba orientada hacia otro lado. Mi equipo éramos un cámara, el editor y yo».

La elección de Padura como personaje surgió cuando Menoyo trabajaba en crear una revista mensual de periodismo cultural. «El tema del número piloto iba sobre la emigración». En esas fechas, un festival de cine cubano incorporó en su cartelera la película de Padura ‘Regreso a Ítaca’.

El largometraje, con el drama de la emigración y el exilio como tema central, conectaba con la temática del primer número de la publicación de Menoyo. Tras localizar al escritor a través de las páginas amarillas, la joven realizadora inició el documental que, meses más tarde, sería proyectado en el Festival de Cine de La Habana.

Menoyo recorrió junto a Padura diferentes etapas de su vida, acompañados a su vez del testimonio de familiares y amigos que complementan la versión del escritor. Náyare Menoyo nunca pensó que su trabajo de fin de carrera se reconocería con un Premio Rey de España, y ahora tiene más ilusión que nunca para convertirse en periodista de televisión.

Veinte segundos para regresar a la vida

Veinte segundos. Es el tiempo que tenía Hugo, con sólo quince meses de vida, antes de que el corazón que le acaban de trasplantar entrara en fase de necrosis. Tres segundos antes del punto de no retorno, el pequeño órgano comenzó a latir.

El bebé había ingresado 171 días antes en el hospital de La Paz de Madrid debido a una miocardiopatía dilatada severa: su corazón, en funcionamiento al 30%, era demasiado grande para su caja torácica.

Pedro Simón Esteban, periodista de El Mundo y Premio de Prensa, acompañó durante el periplo hospitalario de Hugo a sus padres y hermana, en un relato que combina la humanidad del periodismo social y la alabanza de la sanidad pública española.

“Si la historia hubiese tenido un desenlace trágico, no hubiese visto la luz”, admite Simón, mientras deja entrever la profesionalidad y empatía que subyace a su trabajo.

Durante los últimos meses, el periodismo social ha ocupado gran parte del espacio informativo: “No hay nada más universal que el dolor, la soledad y el miedo, y casi todas las historias durante la pandemia han tenido que ver con eso”.

“Creo en las historias que tienden puentes entre la gente que vive en zonas jodidas y entre los que vivimos en zonas de confort. Creo en el periodismo que quita etiquetas -afirma Simón, con brillo en los ojos-. Allí donde hay una herida, siempre hay una historia que contar”.