La oleada de protestas tras el asesinato de George Floyd a manos de la policía en Mineápolis ha supuesto un reto inédito para el equipo multimedia EPA-EFE en Estados Unidos, que ha funcionado como un reloj bajo circunstancias extraordinarias. Nuestra cobertura ha estado presente en medios de todo el mundo, con hitos como una portada en el Washington Post, mientras que otras cabeceras de renombre no solo se han hecho eco de nuestras fotografías sino también de nuestros clips de vídeo, como la revista Time o el New York Times.

Apenas comenzábamos a dar los primeros pasos de la desescalada, ante una pandemia del COVID-19 que ha afectado con especial virulencia a EEUU, cuando nos vimos envueltos en las mayores protestas contra el llamado «racismo sistémico» desde la muerte de Martin Luther King en 1968.

Con ese panorama, desplegamos nuestros recursos limitados por tantos puntos del país como pudimos, y la cultura multimedia que se ha consolidado en la agencia multiplicó el contenido producido y sus formatos. Fotógrafos haciendo vídeo, camarógrafos entregados a la foto o coordinadores despegándonos de la silla para reforzar la calle han sido claves para abarcar en ambos soportes la cobertura maratoniana de un amplio abanico de ciudades. Mineápolis, Washington, Nueva York, Boston, Los Ángeles, San Francisco y Oakland; Dallas y Houston, Chicago, Atlanta, Miami e incluso pequeñas localidades hasta donde también se ha extendido el descontento.

Un estallido social histórico cuya mecha también pudimos documentar con foto y vídeo, al estar presentes en Mineápolis desde que el martes 26 de mayo trascendiera el vídeo publicado en redes sociales de la brutal detención de Floyd el día anterior.

Hemos tratado de trabajar con sentido de la prudencia, pero conscientes de que nuestro papel como periodistas audiovisuales está por definición en el lugar de los hechos, más que nunca en esta coyuntura, a pesar del riesgo en varios frentes.

El primero, unas fuerzas de seguridad especialmente agresivas que durante estas protestas han actuado con mucha dureza y, con frecuencia, indiscriminadamente, incluso contra asistentes pacíficos y prensa. Después, el riesgo de quedar en el ‘fuego cruzado’ propiciado por algunos grupos de manifestantes, sobre todo cuando los ánimos andaban más caldeados al principio y se registraron enfrentamientos violentos con la policía, destrozos y saqueos. Y, por supuesto, la amenaza invisible pero siempre presente del coronavirus, en un escenario donde ha sido imposible mantener la distancia social.

Como sabéis, varios compañeros resultaron agredidos y dos incluso detenidos por realizar su trabajo. Aún así han seguido al pie del cañón. Todos han demostrado un compromiso y dedicación de primera, en una carrera de fondo en la que no ha sido fácil administrar esfuerzos y la gente se ha volcado. Tanto a pie de calle como reaccionando con agilidad o anticipando los principales focos informativos de sus respectivas plazas. Con diálogo fluido entre equipos desplegados por todo el país y los responsables de organizar contenidos y engrasar las sinergias, y con el apoyo y cooperación constante de las delegaciones de Efe.

Alrededor de 120 vídeos (contando solo brutos, sin incluir posteriores versiones locutadas y/o rotuladas) y varios miles de fotos publicadas hasta la fecha atestiguan estos esfuerzos, a los que hay que sumar la valiosa colaboración multimedia de los corresponsales de Efe.

Para este artículo me pidieron una valoración centrada en el contenido producido en EEUU, pero no quisiera acabar sin agradecer la titánica labor de edición de las mesas de vídeo, foto, multimedia y de mi compañero Matt Campbell, director de EPA Norteamérica, quien, además de sus labores de supervisión, asumió durante larguísimas jornadas un volumen inmenso de edición y publicación directa de fotografías.

A todos los implicados en este apasionante proceso y a tantos compañeros que nos han motivado con su amable feedback, muchas gracias. Seguiremos de cerca todo lo que pueda deparar el tema, que ya ha impulsado el debate sobre reformas legislativas contra el racismo y la brutalidad policial.