Por Esther Aguirre

Arriesgan su vida y se la juegan un día sí y otro también. Cubren guerras, terremotos, tsunamis, pandemias, violentos conflictos raciales o lo que se tercie…. Ellos siempre están ahí, en el epicentro de la noticia, para contar lo que otros no ven, y lo hacen con la adrenalina a tope.

Así son los corresponsales y reporteros de EFE y EPA en el mundo, unos valientes y avezados profesionales con mucho oficio que desafían cada día el peligro, con sus libretas o ‘smartphones’ y cámaras en mano como única arma de protección, en defensa de lo que más creen: la libertad de información.

Los fotógrafos Fernando Bizerra (Sao Paulo) y Tannen Maury (Chicago), el periodista Albert Traver y el cámara Edwin Ramírez, estos últimos desde Washington, son sólo una pequeña representación de esa gran red de profesionales, pero estos días han pasado de estar a la sombra de la noticia a convertirse tristemente en ella.

Todos ellos fueron agredidos, golpeados o disparados en las diferentes coberturas informativas: el primero en una manifestación en Sao Paulo, la ciudad más grande y poblada de Brasil, y los otros tres profesionales en protestas en Minneapolis y Washington.

ARRECIA LA TENSIÓN

Y es que la tensión se ha trasladado a ambos países, al convertirse en el foco principal del coronavirus y sumarse, en el caso de Estados Unidos, el estallido social provocado por la muerte de George Floyd a manos de un policía, reviviendo así un conflicto racial antiguo, recurrente y muy presente en la sociedad norteamericana.

Pero empecemos por Brasil, donde hace unos días fue agredido el veterano fotógrafo Fernando Bizerra, cuando cubría unos violentos disturbios entre partidarios y detractores del presidente brasileño, Jair Bolsonaro, en la avenida Paulista de San Paulo.

Acudió allí a hacer fotos de la manifestación organizada por el grupo “Democracia Corintiana», pero otra marcha de los seguidores al Gobierno, a tan sólo unos 300 metros de distancia, elevó la tensión y provocó duros enfrentamientos entre los dos grupos.

Ante esa situación, la Policía se empleó a fondo para dispersar a los asistentes y disparó, a diestro y siniestro, gas lacrimógeno y otras potentes herramientas disuasorias, que impactaron en el lugar donde se encontraba Fernando Bizerra, junto a otros fotógrafos y periodistas.

Y así es como resultó herido: “Mientras fotografiaba el enfrentamiento entre dos grupos de manifestantes, vi una ‘bomba de estruendo’ caer cerca de mí y, segundos después, una astilla golpeó con fuerza mi pierna izquierda. El fragmento provocó una herida en mi espinilla y comenzó a sangrar al instante”, relata.

Tras este percance, la propia Policía le auxilió y le trasladó al hospital, donde le realizaron un examen en el que inicialmente se descartó rotura o lesión grave. Sin embargo, días después tuvo que volver porque tenía dolores en el pie, que estaba morado y muy hinchado. Los doctores le recomendaron entonces reposo hasta que empezara a mejorar. Dos semanas después aún sigue sin poder apoyarlo.

A lo largo de su trayectoria profesional, Bizerra, que lleva 18 años en la Agencia EFE, ha visto casi de todo: ha sido detenido, tras fotografiar situaciones incómodas, y ha sufrido agresiones físicas y verbales, al igual que ha sido testigo de ataques a otros colegas.

Sobre este asunto se pronuncia el fotógrafo para lamentar que en los últimos años se haya deteriorado el respeto por la libertad de expresión en ese país. “Las fuerzas de seguridad en Brasil no siempre respetan el trabajo de la prensa”, dice.

EL PERIODISMO, UNA PROFESIÓN DE RIESGO

En los últimos quince días se han producido otros ataques a la libertad de prensa, y en concreto a profesionales de EFE y EPA, a raíz de los desórdenes públicos provocados por la muerte de George Floyd, en EEUU. En Minneapolis resultaron heridos el periodista Albert Traver y el fotógrafo Tannen Maury, y en Washington el cámara Edwin Ramírez, estos dos últimos de EPA.

“Bienvenidos a Minneapolis: Por orden del gobernador hay toque de queda, iros a casa”. Con estas inquietantes palabras el piloto de un avión procedente de Washington daba la bienvenida a Minneapolis a los pasajeros, entre los que se encontraba el periodista español Albert Traver. Fueron un presagio de lo que ocurriría después.

En efecto, EFE le envió a cubrir las revueltas por la muerte de George Floyd. Su agresión se produjo el 30 de mayo. Se encontraba haciendo entrevistas a algunas personas que se manifestaban de forma pacífica frente a una comisaría, la misma en la que estaba asignado el agente que mató a Floyd.

En un momento dado, Albert Traver, que se encarga habitualmente de cubrir la política estadounidense, vio a otros compañeros de la prensa agruparse y se unió a ellos. Unos minutos después la policía empezó a cargar contra ellos.

Fue una agresión generalizada: “nos apuntaron, nos rociaron con gas lacrimógeno o gas pimienta y, en mi caso, me tiraron al suelo. No pude abrir los ojos durante 45 minutos, pero logré levantarme del suelo y, tras caminar a ciegas, una familia me ofreció ayuda y me acogió en su casa”.

“Me echaron leche en la cara para aliviar la escozor, betadine para unas raspaduras que me había hecho en la caída y me cuidaron hasta que me recuperé. Luego me llevaron hasta donde tenía aparcado el coche, arriesgándose a salir durante el toque de queda”, recuerda Traver.

Asegura que no sintió miedo, más bien “impotencia y rabia” ante tal abuso de poder e intimidación: “Cuando me tiraron al suelo yo no podía respirar como consecuencia del gas que me habían rociado. Lo primero que pensé fue en George Floyd y sus palabras «I can’t breath». Fue eso lo que me impulsó a levantarme y salir rápido de la zona de gases”, apostilla.

Para Traver, desde el inicio de la pandemia, Estados Unidos ha sido una “olla a presión” esperando al momento adecuado para estallar, y lo ha hecho con George Floyd. “El descontento se ha dirigido hacia uno de los problemas estructurales del país: el racismo”, agrega.

Albert Traver, natural de Badalona, inició su trayectoria profesional en EFE Barcelona como becario de La Caixa, antes de trasladarse a la delegación de esta agencia en Colombia, donde cubrió de todo: conflicto armado, narcotráfico, cumbres, presidencia, cultura, etc… Tras dos años y medio asumió la corresponsalía de Texas, donde se dedicó sobre todo a temas de migración, fronteras y pena de muerte. Posteriormente dio el salto a Washington, donde trabaja en la actualidad.

Hasta Minneápolis también se trasladó Tannen H. Maury, un fotógrafo de EPA con más de 40 años de oficio, que entre el 27 y el 31 de mayo fue atacado nada menos que en cinco ocasiones por unos y por otros (manifestantes y policía). Y eso que llevaba su correspondiente acreditación de prensa. Es lo que tiene estar siempre en la primera línea de la noticia…

La primera vez un manifestante le lanzó una piedra que le impactó en la cabeza y, a partir de ahí, se sucedieron el resto de agresiones.  Le dispararon balas de goma (en dos ocasiones) y le rociaron con gas pimienta y gas lacrimógeno. Y por si eso no fuera suficiente, al final la Policía le detuvo por violar el toque de queda.

A pesar de tener que lidiar con estas situaciones, Maury lo tiene claro: se siente “bendecido y agradecido” por tener este trabajo, que le ha llevado a ser testigo de numerosos acontecimientos históricos, entre ellos los conflictos en El Salvador, Honduras o la Primera Guerra del Golfo. También de otros asuntos relacionados con ayuda humanitaria en Somalia y Ruanda, numerosos huracanes, tornados, inundaciones, incendios forestales y otros desastres naturales.

SEMANA NEGRA

Pero la semana negra de agresiones no acabó ahí. En Washington fue atacado, en las proximidades de la Casa Blanca, el cámara de TV Edwin Ramírez, y al igual que los anteriores el detonante fue una marcha contra el racismo.

Ramírez se encontraba en una manifestación grabando a un grupo de mujeres que hincaban su rodilla en el suelo -gesto simbólico contra el racismo-, cuando la policía empezó a disparar ráfagas de balas de perdigones y de pelotas de goma, y a lanzar gases lacrimógenos contra los centenares de asistentes que protestaban.

“Muchos a mi alrededor comenzaron a gritar. Yo noté los impactos fuertes de varios disparos de goma (entre cinco y ocho). A medida que caminaba sentía mucho dolor en mis piernas y grité: me han lastimado”, explica el reportero, que fue auxiliado por otros colegas de profesión.

A pesar de su experiencia, no en vano lleva trabajando 24 años con su cámara, este reportero salvadoreño confiesa que se asustó mucho y que se sintió “muy confundido” porque no esperaba que le agrediera la Policía.

Ramírez, que en la actualidad cubre la información relacionada con la Casa Blanca, además de noticias sobre inmigrantes latinos, economía y la COVID-19, ha trabajado en Canal 4 y Teleprensa, en El Salvador, y para Univisión y CNN en español, en EEUU, antes de incorporarse a EFE.

También ha sido cámara oficial de presidentes en sus visitas oficiales a la Casa Blanca y ha cubierto infinidad de informaciones, entre ellas giras y cumbres de presidentes en Centroamérica, Honduras y Guatemala, así como las visitas del Papa a El Salvador y a Washington.

Desde la central de la Agencia EFE en Madrid, todos los profesionales de la Casa nos sumamos al mensaje de ánimo que os trasladó la presidenta, Gabriela Cañas, y os damos todo nuestro apoyo en esos momentos difíciles. ¡No estáis solos!