Por Esther Aguirre

La periodista Almudena González, redactora jefe de Nacional en EFE, considera que esta Agencia, que recientemente conmemoró sus 80 años de historia, está dando la talla con solvencia en estos momentos tan duros para todos. “Somos lo más moderno porque somos lo más antiguo: rigor y servicio público”, subraya.

Tras decretarse el estado de alarma, González formó parte del retén establecido en la redacción central de EFE para coordinar y apoyar al resto de extraordinarios profesionales que, bajo la dirección de Luis Sanz, trabajan a destajo desde sus casas para informar de la peor tragedia sanitaria de este siglo: la crisis del coronavirus.

Y es que la devastadora pandemia ha obligado una vez más al equipo de EFE, ya de por sí bregado en mil batallas, a redoblar todos sus esfuerzos para mantener puntualmente informada a una sociedad conmocionada, abatida y desanimada por una situación que, a estas alturas, se ha cobrado más de 25.000 vidas.

Un desafío al que Almudena González, a pesar de su dilatada trayectoria profesional, jamás imaginó que tendría que enfrentarse, ni siquiera en sus peores pesadillas. Y eso que está sobradamente acostumbrada a las tragedias teatrales, no en vano dirigió la Comunicación del Teatro Español y las Naves del Español de Matadero.

“No pensé que llegaríamos a informar de 1.000 muertos en un solo día”, reconoce la periodista, que detalla que, ante esta tesitura, la dirección de Nacional puso en marcha algunas iniciativas imaginativas y adicionales al quehacer diario para completar la cobertura con una visión global y con impactantes testimonios de interés humano de la situación.

Entre ellas, destaca la elaboración de un “Diario sobre el estado de alarma”, “El cuaderno de bitácora”, o las series “Los imprescindibles”, dedicada a aquellos que no dejaron de trabajar y en las que se reflejó la riqueza temática que ofrece EFE a través de su implantación en toda España-, y la última denominada, “Los cambios”, donde se analiza el futuro tras el COVID-19.

“Espero que cuando esto acabe sepamos reivindicar el trabajo que estamos haciendo, nosotros mismos y los que nos rodean, a los que recuerdo que tenemos defectos, sí, pero muchas virtudes”, subraya, antes de hacer hincapié en las informaciones “de calidad” que EFE está escribiendo en todo el mundo: desde Pekín, a Roma, pasando por el pueblo más pequeño de la España rural.

Y junto a ello “tenemos imágenes que pasarán a la historia como ya ocurrió en otros grandes acontecimientos de los que EFE ha informado en sus 80 años de vida”, concluye Almudena González.

A continuación, la entrevista completa:

 P: ¿Cómo fueron las primeras semanas en las que trabajasteis de forma presencial? ¿Había mucha tensión? ¿Temor al contagio?

Respuesta: Ni los terribles atentados de los que hemos informado, ni los trágicos accidentes de transporte, ni los delicados momentos políticos que hemos afrontado se parecen a esto. Esos primeros días del estado de alarma fueron muy intensos y emocionantes porque nos dimos cuenta de la envergadura de la situación.

Yo trabajé en la central hasta poco antes de que se declarara el periodo de hibernación y cada día que iba a EFE pensaba que eran 24 horas ganadas al virus, a pesar de que todos sabíamos que corríamos el riesgo de contagiarnos y de poner en riesgo a otras personas.

P: ¿Cómo os organizasteis las primeras semanas? ¿Y ahora cómo lo hacéis para que salga todo bien en remoto?

R: Cuando se confirmó un caso positivo de coronavirus el martes 10 de marzo, en la planta 11, donde trabajan los compañeros de Economía e Internacional, se organizó en unas horas el teletrabajo.

En el caso de Nacional, esa tarde el editor Manolo Carretero envió la primera prueba y, al día siguiente, a las 07.00 horas, con las redactoras jefes de mañana en la redacción y él en casa, comenzó esta nueva etapa.

Desde entonces, y paulatinamente, se ha ido reduciendo el número de personas en la redacción de Nacional y ahora apenas trabajan presencialmente cuatro compañeros, que son de gran ayuda. Yo tuve la suerte de que me incorporé al teletrabajo cuando mis compañeros llevaban ya tiempo y tenían la situación controlada.

La edición está haciendo un trabajo muy complejo. El volumen de información que llega sigue siendo muy alto y hay que seleccionar muy bien porque el abonado, más que nunca, necesita concreción. Muchos estarán bajo mínimos y no pueden revisar todo el flujo de noticias. Hay que agrupar bien los temas, hacer resúmenes.

Los editores, pese a las dificultades de estar en remoto, han logrado sincronizarse y las cosas salen, en algunos casos más lentas, pero salen bien. Leer su chat de wasap tiene un ritmo de vértigo.

P: ¿Cómo os organizáis para preparar las previsiones?  En estas circunstancias, ¿cómo se eligen los temas a cubrir? ¿Hay más asuntos al margen del coronavirus?

R: Los responsables de los departamentos se reúnen por videoconferencia para preparar las previsiones y nosotros estamos permanente hablando por wasap. La prioridad para elegir los temas es el interés ciudadano, por la incertidumbre en la que vivimos todos y para cumplir con nuestra función de servicio público.

P: El coronavirus ha obligado a los periodistas y a los medios en general a reinventarse. ¿Qué porcentaje de noticias tienen relación con el coronavirus? ¿Y qué iniciativas nuevas se han puesto en marcha en el departamento de Nacional?

R: Desde un primer momento la información se focalizó en la pandemia y es el 95% del flujo. Pero había que organizarlo: Lo primero fue El diario del estado de alarma, un resumen de titulares de la jornada que elabora el redactor jefe Jaime Castillo, quien también es el responsable de la previsión que resume todo el día, un trabajo muy riguroso.

“El cuaderno de bitácora” es un proyecto por el que fuimos contando día a día lo que acontecía en el hospital de campaña de Ifema, el Arca de Noé, a través de la experiencia de un médico allí destinado. Es un proyecto de la redactora Olivia Alonso, que Luis Sanz quiso que escribiera en primera persona, a mi juicio, una propuesta muy innovadora para nuestros habituales formatos.

Raúl Bellerín (jefe de Tribunales) ha coordinado el especial de la pandemia, que ha tenido varias vertientes y que ha permitido alumbrar piezas analíticas pegadas a la actualidad que buscaban analizar la avalancha de información, otras de carácter humano y un tercer bloque: “Los imprescindibles”, dedicado a aquellos que no han podido dejar de trabajar y que ya ha concluido. Ha sido un retrato de nuestra riqueza como agencia presente en toda España, gracias a las propuestas de las delegaciones.

Quiero recordar algunas piezas, como la historia de Herman, el anciano de la armónica, de Ana Martínez (la delegada de Santiago de Compostela), o la historia de Filomena que nos contó la delegación de Toledo: una mujer de 96 años que cose mascarillas. También entrevistamos a Carmen, del personal de limpieza de la agencia.

Ahora hemos comenzado la serie “Cambios”, dedicada a reflexionar sobre lo que viene y que arrancó con una pieza de Susana Rodríguez sobre demografía.

P: ¿Cómo están desarrollando su labor las delegaciones nacionales?

R: Con dificultades. Nosotros pedimos muchos datos para hacer informaciones conjuntas sobre la evolución de la pandemia que ayuden a comprender la situación en su globalidad. Por otra parte, aportan al servicio historias personales muy interesantes, cercanas.

La actividad política no es igual ahora y eso les permite mostrar otras realidades que en circunstancias normales quedan relegadas por la agenda. La variedad temática y territorial de sus informaciones ha dado brillo al servicio y sentido a nuestro papel de agencia pública en esta crisis.

Tengo que dar las gracias a aquellas delegaciones que, cuando supieron que en la central había un positivo, se ofrecieron para ayudar y hacer parte de nuestro trabajo si teníamos que marcharnos a casa. Afortunadamente no ha hecho falta, pero se lo agradezco mucho.

P: ¿Cómo son las relaciones con los compañeros ahora que se trabaja de forma telemática?

R: Somos una redacción que trabaja junta desde hace muchos años, décadas podemos decir. Nuestras relaciones son casi familiares y estamos acostumbrados a trabajar cerca, de forma presencial. Ahora, vivimos un cambio de paradigma y nos tenemos que acostumbrar.

P: Como redactora jefe, los primeros días asumiste un papel muy importante: el de hablar y trasladar las necesidades informativas a los compañeros que trabajan a ciegas desde casa. ¿Cómo están los ánimos del personal?

R:  La situación nos provoca ansiedad a todos y creo que si estás en casa, más. Soy muy consciente de ello. Sé que no todos tenemos las mejores condiciones para trabajar en casa y es mucho más difícil descansar y desconectar. Por eso, es más importante que nunca que seamos equipo. Mi obligación y mi convicción es trabajar para apoyar a la redacción, que trabaja al 200 por cien.

P: ¿Cómo pueden los periodistas escribir de éste y otros temas si no pueden salir?

R: Las ruedas de prensa son telemáticas y muchos temas se elaboran tirando de experiencias y casos cercanos para contar historias humanas. Al final, volvemos al principio: contar lo que nos pasa. Es una paradoja pero las entrevistas y las crónicas, hechas sin poder salir de casa, son relatos pegados a la vida, historias a veces muy duras y otras muy hermosas.

Ese trabajo de los compañeros requiere un doble esfuerzo de empatía y de sensibilidad. Y tampoco hay que olvidar que la vida sigue y, por ejemplo, llegan pateras a Canarias desde África, como nos están contando todos los días los compañeros de la delegación, que hacen un trabajo extraordinario y que tanto prestigio da a EFE.

Otra particularidad es que al ser todo por videoconferencia y de forma telemática tiene más dificultades: la más importante es que no estás en el lugar de los hechos, que es la base de nuestro trabajo.

P: ¿Qué medidas de prevención estáis tomando para sortear la pandemia?

R: Hasta que me incorporé al trabajo en remoto, en EFE teníamos geles para desinfectarnos las manos y cada uno trabajaba siempre en el mismo puesto, con la precaución de no intercambiar teléfonos y estar suficientemente separados. Nosotros no usábamos mascarilla y guantes, si a eso te refieres, pero procurábamos tener limpios los teclados y las superficies, y no agolparnos en los ascensores.

P: Cuéntame alguna anécdota que os haya ocurrido estos días en el ámbito laboral.

R: Hubo un día que alguien no pudo soportar la tentación y abrió la puerta de la escalera de emergencia para salir a aplaudir a las 20.00 horas. Sonó la alarma, claro, y al compañero de mantenimiento no le hizo mucha gracia…

P: ¿Cómo dice nuestro lema «EFE siempre está», esta crisis sanitaria ha puesto a prueba, una vez más, la capacidad de la empresa para salir adelante…

R: Espero que cuando esto acabe sepamos reivindicar el trabajo que estamos haciendo, nosotros mismos y los que nos rodean, a los que recuerdo que tenemos defectos, sí, pero muchas virtudes.

El servicio sale, estamos escribiendo informaciones de calidad, con testimonios muy interesantes; hablamos de lo que está ocurriendo en todo el mundo, desde Pekín, a Roma y al pueblo más pequeño de la España rural.

Tenemos imágenes que pasarán a la historia como ya ocurrió en otros grandes acontecimientos de los que EFE ha informado en sus 80 años de vida. Es un despliegue sin precedentes.

Parecía que no sabíamos adaptarnos al mundo moderno… pues yo creo que somos lo más moderno porque somos lo más antiguo: rigor y servicio público. 

P: ¿Qué es lo primero que se te vino a la cabeza cuando se habló de pandemia?

R: No pensé que llegaríamos a informar de 1.000 muertos en un solo día. Es una barbaridad.

P: ¿Qué imagen de estos días te ha impactado más?

R: Creo que la morgue del Palacio de Hielo

P: ¿Cómo vais afrontar el trabajo cuando se levante la prohibición de salir? ¿Crees que esta experiencia del teletrabajo va cambiar la manera de desempeñar nuestra labor cuando se vuelva a la normalidad?

R: Creo que volver a la normalidad como la conocíamos va a llevar mucho más tiempo del que imaginamos, y por ello, hay que perfeccionar el teletrabajo, con mejores herramientas, porque la mayoría trabajamos con equipos domésticos y es bastante complicado. La puesta en marcha fue un récord indudable, sobre todo para el equipo técnico, pero ahora hay que mirar a un horizonte más prolongado.

P: Y desde el punto de vista personal, ¿cómo llevas tener que teletrabajar desde casa?

R: Yo soy de la vieja escuela y me cuesta no tener relación directa con mis compañeros, pero ese es el mal menor, la verdad. No tengo derecho a quejarme.

P: Concluye con una reflexión sobre toda esta situación. ¿Qué destacarías?

R: En estos momentos, creo que el trabajo multimedia está siendo fundamental porque es el mejor escaparate que podemos tener.

Los datos de seguidores merecen una reflexión: Siempre nos hemos visto como intermediarios de la información, y ahora parece que es el ciudadano el que nos busca.

Imagino que cuando esto acabe, muchos dejarán de seguirnos de forma directa, agotados de tanta tensión, pero ojalá haya muchos otros que se queden con nosotros por nuestro tono informativo en un entorno cada vez más agresivo, que confieso, desgasta.